31 de agosto de 2010

Acuarela I

Una acuerela que hice anoche. Me dieron muchas ganas y me animé, a pesar de que no manejo bien la técnica. Es por eso que voy a practicar y hacerlo otra vez.

Es una mezcla de estos dos personajes:
Guardianes del Universo (DC Comics) Una imagen 
Yoda (Star Wars) Una Imagen





Reencuentro I - Miradas en un bar

A través del parabrisas pudo anticipar que había llegado. Las luces del cartel del bar se hicieron presentes e ineludibles, con su debilitado y decadente neón susurrando el nombre del bar con gastada melancolía.
Sí, había llegado. Y la imagen de su amigo apareció en su mente, tal y como lo había visto por última vez años atrás, sonriente y digno, secretamente abatido por las tristezas personales. Apeado del taxi, pagó al arrellanado chofer, dejando una propina que éste descubriría minutos después junto con la alegría consecuente.
Entró al bar y lo primero que tuvo que hacer fue acostumbrar su visión al lóbrego ambiente, oprimido por visibles y densas capas de humo de cigarrillo, atestado de olores desagradables: alcohol, encierro, cigarrillo, vejez. Los clientes, como fantasmas, se movían lentamente, casi temerosos de abandonar un espacio que seguramente habrían ocupado largas horas, algunos incluso días, siendo sólo la visiblemente triste camarera la única silueta móvil.
Allá, en la barra, contra todo pronóstico, identificó a su amigo.
Lo pensó una vez más. ¿Era él? Podía verlo con un vaso de probable whisky que, aunque siendo un vaso ancho y perfectamente apoyado en la mesa, sostenía con ambas manos, dando la sensación de que temía que se le cayera. Y, además, parecía que él mismo podía caerse. No por borrachera. Sino por una especie de debilidad intrínseca que le encontraba al mirarlo, la impresión de que estaba hecho de ceniza y que un pequeño toque lo desmoronaría y se convertiría en una capa de humo más.
Pero sí. Era él. Así que se le acercó, confirmando su identidad a medida que se aproximaba. Y, aunque sus pasos se detuvieron cuando ya estuvo a su lado, el montón de cenizas no se inmutó.
- ¿Santiago? – Preguntó, sin tocarlo. Su amigo se estremeció, como si despertara de algún pensamiento profundo o algún estado de tranquilidad abstraída. Sus párpados temblaron. Sus labios se movieron.
- Hola. – Le respondió, con un hilo de voz. Diversas rocas cayeron por su garganta, transformando su alguna vez alegre tono en uno pesado y alicaído. - ¿Qué te trae por acá?
- Te llamé y me citaste acá. ¿No te acordás? – Cuestionó, con una ligera nota de preocupación en su voz. Sus manos se movieron, haciendo crujir los pliegues de su campera, pensando en llevar una de ellas hacia el hombro de su amigo. No lo hizo.
- Ah. – Musitó su amigo. Miró hacia un costado, con la clara intención de comprobar si algún otro cliente ocupaba el asiento contiguo, inquietando por su incapacidad de simplemente recordarlo o fijarse de reojo. – Sentate, Nano, gracias por venir.
Mariano lo miró. Por un momento sus comisuras vibraron en un intento de sonrisa. Hacía rato que nadie lo llamaba Nano. Y el último había sido Santiago.

Bebió un largo sorbo de whisky, como si tomara agua. Se notaba que había desarrollado una abrumadora insensibilidad para la bebida. Y eso sorprendió mucho a Mariano. Santiago nunca había sido tomador.
- Resulta que – Comenzó a hablar Santiago, sin dar avisos de ningún tipo. – una vez, cuando todavía estudiaba, fui a una fiesta. En esa época andaba mal con Georgina. – Aclaró, aportando un marco temporal que trajo diversos recuerdos a Mariano.
Habían sido buenos años. El final de la secundaria, los comienzos de la facultad, las salidas cada fin de semana, los viajes al campo en Frías. No podía recordarlos sino con colores, risas y amistad. Varios de los nombres se le hicieron abrumadoramente presentes, y, a medida que terminaban de desfilar por su mente los pensamientos y recuerdos buenos, comenzaron a llegar los malos. Las peleas, las traiciones, las escisiones causadas por advenimientos del egoísmo.
La lenta y lamentable separación.
- Disculpá. – Interrumpió al darse cuenta de que no estaba prestando atención. - ¿Qué me decías?
- Que había ido a una fiesta. – Repitió Santiago, levemente fastidiado. – En esa fiesta tomé. No me emborraché, pero al menos sentí eso. – El énfasis en la última palabra ilustró a Mariano vagamente sobre qué se refería. – Pero no me convenció, me alegró un rato, claro, pero prefería mucho más la realidad con todos sus detalles.
La pausa que siguió a sus palabras tentó a Mariano a decir algo, lo que fuera, simplemente para mantener algún sonido en el ambiente. Pero no pudo. No quería admitirlo, pero se compadecía mucho de su amigo.
- Esa vez me divertí porque no me gustaban ese tipo de fiestas. Lo que hacía el alcohol era alejarme de mi mismo. Sacar todo ese Santiago que no disfrutaba de bailar, de tomar, que se inhibía. Se quedaban mis ganas de estar bien, como sea. Pero, en todos los otros ámbitos de mi vida, - Prosiguió, sorprendentemente lúcido y minucioso. – prefería estar despierto, sano, pensando. Pero, ¿Sabés qué?
Mantuvo la mirada al frente unos segundos, hasta que no aguantó a volverla hacia su amigo. Por alguna razón, esperaba una respuesta. Mariano negó con la cabeza en un temblequeo forzado e inútil por completo.
- Pensar me llevó a la ruina. Antes estaba muy acostumbrado a tener ideas, a deslumbrar con frases geniales, conceptos innovadores. A crear, a desarrollar. A ser capaz de todo. Estaba acostumbrado a que se fascinaran conmigo, a que abrieran grandes los ojos cuando me vieran gesticular, que me atendieran con paciencia. Me gustaba, ¿Sabés? En la primaria había sido nadie. No tenía habilidades ni gustos definidos, era inculto y de sobremanera tímido. Me maltrataban, golpeaban e insultaban. Y no me defendía. Porque no sentía que hubiese algo para defender. ¿Cómo podía quererme? Era tonto, feo y débil. Todos me lo recordaban a cada momento. En la secundaria aprendí a dibujar, empecé a leer, a escuchar música, a escribir. Y comencé a mezclar cada idea de formas que nadie esperaba. Era mi revancha. Podía ser alguien. Me gustaba ser alguien.
- Ajá.
- Sí. Ese proceso que empezó en la secundaria que me dio toda esa capacidad para hacer cosas creció, creció sin que pudiera controlarlo, excediendo mi tiempo, mi espacio e incluso mis afectos y sentimientos. Por un lado, creció el ego. Ahora era genial, era un grosso, tenía algo de facha, al menos, era extrovertido y espontáneo. Podía tener novia, podía tener reconocimientos y premios. Triunfar. Sí, creció el ego con cada sos grosso que me decían. ¿Cómo podía detenerlo? ¿Cómo me iba a dar cuenta de que estaba mal? En fin. Por otro lado, pensaba. Pensaba mucho, todo, lo que fuera. Causas, consecuencias, paralelos, comparaciones, teorías, posibilidades, antes, después. No vivía en el presente; ni siquiera en el pasado o el futuro. Vivía en la hipótesis, en la irrealidad de las ideas. Mis ideas se hicieron mi realidad. Y había algunas que comenzaron a dañar a otras personas. Pero sólo ideas, ¿Eh? No tanto los hechos, porque yo estaba sentado, en algún lugar, pensando, suponete, ante un enfermo de cáncer. Y yo pensaba “Éste puede morirse”, como una posibilidad. Y se la decía. Como una idea. Así, jodí a mucha gente. Más adelante la posibilidad mala, la errónea, la sufrida, se hacía muy grande, y la vivía, la sentía en carne, aunque mi presente, mi realidad real fuera perfecta y feliz. Y me hundí tanto en suposiciones de dolor y fracaso, que al final todo se convirtió en dolor y fracaso. Por pensar. Por ser tan grosso, por mezclar ideas. Y, si ese era yo, ¿Cómo podía dejar de ser así?
- Tal vez… - Comenzó a decir Mariano, afligido.
- Esperá. Sin matarme, digo. Que lo pensé y lo deseé muchas veces. ¿Cómo dejar de ser yo si matarme? Y encontré la respuesta. Acá. – Dijo, y señaló el vaso con su mirada. – El alcohol me alejaba de mí mismo. No podía pensar, no podía complicarme. Estaba bien. Estoy solo, claro. Pero cada vez que lo pienso, tomo un nuevo sorbo. Y no lo pienso más. Te digo esto porque seguro que te estás preguntando a gritos en tu cabeza cómo puede ser que esté tomando, que te haya citado aquí. – Ante el asentimiento de Mariano, Santiago sonrió. Mariano por fin pudo ver que tenía los ojos colorados y llorosos.
- Ja. – Dijo, Santiago, de pronto, antes de tomar otro sorbo. – Acabo de hacer otra complicación, en lugar de simplemente decirte “Tomo para no pensar”, o preguntarte cómo andás. Mis dos problemas. Pensar y el egoísmo. Pero, che. ¿Cómo andás?
Se volvió hacia Mariano. Éste lo miró, todavía incapaz de articular palabra. Después de todo aquello. ¿Cómo podría decirle lo que tenía para contarle?
Soltó un pesado suspiro que removió unas nubes de humo que habían comenzado a desfilar ante su rostro. Buscó algo en los bolsillos; al no encontrarlo se dio cuenta de que no buscaba nada, sino que estaba muy nervioso y se movía para, de alguna manera, calmar esa sensación. Santiago se quedó sentado, bebiendo y fijando su vista en ningún lugar.
Le costaba aceptarlo. Santiago no era así. Lo recordaba de otra manera. Con sus negros cabellos peinados con una raya al costado, sus ojos brillando bajo la sombra de sus características cejas que se unían sobre su nariz. Sus pequeños labios buscando siempre una nueva razón para sonreír. Su eterno ímpetu, su vigor, sus ganas de obtener un chiste de cualquier situación. Lo había visto cientos de veces vestido con sus remeras de superhéroes y ciencia ficción, con el clásico bolso atestado de adornos y pines.
- ¿Querés un trago?  - Dijo Santiago de pronto.
Sus cabellos ahora no tenían control, se desparramaban sobre su cabeza sin sentido, y no se preocupaban por ocultar las innumerables canas incipientes. Sus ojos estaban hinchados y rojos, dando la sensación de que había estado llorando por horas. Su boca estaba hundida, con el labio inferior retrocedido hasta quedar en una constante mueca de infelicidad. Vestía ropas grises y marrones. Y del bolso no había rastro alguno.

Chistes I

- Madre, en la escuela me han llamado Descartes.
- ¿Estás seguro de ello, hijo?
- No. Podría ser un engaño de mis sentidos.

- Padre, padre, ¡Mis compañeros me han llamado Hume!
- ¿Y qué has hecho tú para provocarles?
- No había creído en sus dichos puesto que no los había experimentado para comprobarlos.

El niño le dice a su padre, con una gran sonrisa:
- Padre, en la escuela me han dicho que soy complejo, indescifrable y psicológicamente abstraído.
- ¡Dios mío! ¿Y por qué estás tan contento?
- Porque me dijeron “complejo como Borges, indescifrable como Cortázar y psicológicamente abstraído como Sábato.”

El hijo menor de la familia abrió distraídamente la puerta del baño una mañana de invierno y encontró a su padre completamente desnudo y desprevenido, a punto de accionar el grifo de la ducha. 
- ¡Hijo, debes llamar a la puerta antes de entrar! ¡Retírate a tu cuarto y piensa en tu falta!
El niño retrocedió, pasmado por la visión y sumamente acongojado. Le comentaría que sólo había agua fría en otro momento.

Primer acto: Un hombre coloca una letra O enorme en el suelo y la secciona con un hacha.
Segundo acto: El mismo hombre coloca otra letra O cerca en el suelo y la corta con un hacha.
Tercer acto: El hombre observa, completamente maravillado y conteniendo la respiración, cómo los trozos de letras O se transforman en un enorme charco de agua.

¿Cómo se llama la obra?
Haché dos O

Era tan pero tan distraído que siempre se olvidaba que estaba muerto y asustaba a la gente.

Regresa aquí

- Mi amor. Vida mía. Corazón. Te extraño. Te quiero aquí conmigo, ya, ahora, no quiero esperar. Te deseo, te necesito como al mismo aire que respiro, el agua que bebo. Preciso de tu calor, de tu energía. Requiero y ordeno tu llegada, tu pronto arribo a mi vida, a mi pequeño y débil cuerpo que se fortalece con tus ánimos y cariños. Luz de mi alma, cuánto anhelo abrir mi puerta y encontrarte allí parada, arrepentida, ahora segura, con una valija y los cabellos húmedos por alguna lluvia inoportuna, tus lágrimas, que bien podrían ser gotas de lluvia pero yo pensaré que son lágrimas, tu llanto de convencimiento, de los obstáculos que has superado para volver aquí, conmigo, donde perteneces. Y luego fundirnos en un abrazo de amor puro; de pronto despojarnos de nuestras ropas, con suavidad primero, con frenética impaciencia después; y hacer el amor como en aquellas deliciosas mañanas de otoño en las que despertábamos para encontrar nuestras somnolientas miradas contemplándonos fiel y enamoradamente a lo largo de la noche. Y perdóname si insisto tanto, pero sé que todo ha sido un error y sabes que me cuesta mucho hacer esto, pero te ruego que regreses, que reconsideres mi propuesta, que recuerdes el amor eternamente fiel y real que supimos regalarnos y compartir. Mi bella, mi vida, eres pura y hermosa como una perfecta perla en el fondo del mar, curioso y cautivante tesoro que he sabido encontrar y admirar en toda su compleja simplicidad. Cariño mío, regresa. Entrégame nuevamente la magia de tu cuerpo, de tu mirada. Nunca he mirado a otra como te he mirado a ti. Nunca he dicho a otra lo que te he dicho a ti. Nunca he deseado a… Ehm. Te he deseado mucho. Y cada día sueño contigo, con tu voz, con tus aromas, tu suavidad, incluso el sabor de tu cuerpo, de tus labios. Sabor que he sentido hasta en la fibra más íntima de mi ser, más íntima de lo que jamás había sido para mí, más íntima de lo que creía que podía ser. Te has apoderado de mi alma; sin proponértelo te has adueñado de mi voluntad, de mis sueños. Me has encerrado en esta pequeña cajita de cristal donde todo es bello y cada pared me devuelve imágenes y recuerdos de tu rostro, unas veces en alegría, otras en placer. Y no te pido que me liberes, no te pido la llave. Te pido que regreses aquí adentro conmigo. Pues una eternidad en el encierro contigo, es lo que se llama felicidad. ¡Escúchame! Atiende el llanto de este pobre idiota que te ha alejado. Te suplico, de rodillas, castigando todo mi ego y entregándome a ti como este enfermizo indicio de hombre, esta endeble imitación de lo que una persona debiera ser. Comprende: con tu ayuda, tu amor, puedo crecer, cambiar, ser la persona de tus sueños, darte todo aquello que me has pedido. Te lo prometo, te lo juro, lo haré. Porque cualquier otra cosa significa la muerte, la oscuridad. Sin ti, nada. Sin ti, vacío. Así que éste es el último intento, el último movimiento desesperado que hago desde mi cuerpo casi inerte, que incluso siento en caída libre. Me ha costado mucho despojarme de mi incesante orgullo, de mi triste soledad. De mi empecinada abstracción del mundo. Entonces… ¿Qué dices? ¿Vas a atender mis ruegos? ¿Regresarás?

- Eh… No flaco. Número equivocado. clic

26 de agosto de 2010

Bisonte canadiense

Entonces, pónganse en esta situación: Viven a veinticinco punto cinco kilómetros de la concentración de urbe civilizada más cercana, donde encontrarán aquella tecnología que tan felices los hace. No cuentan con un medio de transporte propio, o al menos no por el momento (dado que el carruaje se averió, o, lo que es lo mismo, los caballos duermen). Han pedido turno con el médico para las horas diecinueve. Alguien va a estar esperándolos. Consideran que lo aconsejable y prudente sería dedicarse a la búsqueda de un medio móvil de transporte (público o privado) por lo menos una hora antes de la hora pactada. A lo que habría que sumarle una media hora de preparativos estéticos del orden textil (cambiarse). Con tranquilidad, entonces, podrían sortear todo obstáculo, previsible o no, comenzando el proceso a las diecisiete treinta.
Pero de pronto abren los ojos, que contemplan de manera borrosa el techo, y un sentido de urgencia les devora el alma. ¿Qué hago en la cama?
Y se sientan, tan rápido como un tren magnético fuera de control lo haría. Y tal vez más rápido. Opuesto al año lectivo, en el que despertarse cuesta horrores, su conciencia adquirió total lucidez a una velocidad lumínica. Y su mano, cual rayo, se apoderó del elemento horario más cercano (reloj despertador, de pulsera, de arena o de sombra), para corroborar el negro miedo que crecía en su interior.
Y cuando los números marcan las diecinueve con diez minutos ante sus infelices ojos, lo único que su alma puede sentir es un odio irrefrenable. Y un grito espantoso:

¡LA PUTA QUE LO PARIÓ!

En ese momento todas sus funciones corporales menos las motrices se detienen. Sólo hay tiempo para correr. Con el buzo en las piernas y el pantalón en la cara llegan a la calle, con la imprecisa certeza de que aquel sigue siendo su planeta. La gente, despreocupada, avanza a una velocidad tan ridículamente lenta, que dan ganas de golpearla.
Sin darse cuenta, ya han caminado una cuadra, pero parecen haber dado sólo tres pasos. Entonces son capaces de pagar un jet supersónico, entregar su cuerpo si es necesario para ello, con tal de llegar a tiempo. Pero no va a pasar. Saben que es imposible, porque no existe la manera de retroceder el tiempo. Miran el reloj de nuevo y son las diecinueve y diecisiete, con treinta y cuatro segundos. Pero, de pronto, ya son y treinta y cinco segundos.
El tiempo se les escapa.
Un ronroneo mecánico suena en la distancia y lo reconocen, enamorados, como el motor de un destartalado automóvil, de marca y modelos desconocidos. Tan desconocidos, que comienzan a dudar. ¿Se trata de un automóvil? ¿Es un gato gigante que se desliza por el pavimento?
A medida que la silueta crece, se tranquilizan. Es un automóvil, tiene por lo menos tres de las cuatro ruedas y no avanza a fuerza de pasos como en Los Picapiedras. Éste tiene pedales.
Ya encaramados al asiento de piel de bisonte canadiense, se dirigen al chofer, exigiéndole refuerce la velocidad como si de su propia vida se tratara. Éste reacciona de la siguiente manera: Colocándose unos lentes oscuros, elevando sus dedos índice y meñique en el clásico y eterno gesto de los “cuernitos”, y gritando a viva voz ¡YEEEAAAH, man! De pronto, su mano salta hacia la cassettera, que reproduce una cinta olvidada ya por el tiempo de la banda de metal pesado “Helvetica Black”.
Y, con toda su furia… Comienza a pedalear.
La canción, que habla del amor y del reencuentro con Dios en la santa práctica del suicidio masivo, se repite una y otra vez, quedando establecido como el único hit de dicha banda. Y como la única canción de dicha banda. Al compás de los melodiosos acordes de quena de bambú, los furiosos pies del chofer, poblados de pelo como en su barba, no así como en su reluciente e hipnotizante calva, empujan los pequeños pedales, impulsando el vehículo a una velocidad que es imposible de determinar. Ya que no hay velocidad alguna para determinar.
Han pasado días. Meses tal vez. El chofer no deja de cantar la canción. Y ustedes no dejan de escucharla, todavía preguntándose cómo es que hace ese estéreo para sonar en un auto sin batería. Y el auto se detiene.
Cuando se bajan, se sorprenden al ver que el asiento también baja con ustedes, para descubrir que no se trataba de piel de bisonte canadiense, sino de un bisonte canadiense vivo, real y confeso protestante. Incluso éste también lleva anteojos oscuros y un tatuaje con la leyenda “Sans-Serif Rocks”, haciendo alusión a uno de los integrantes de la banda, el bajista Juan Carlos Sans-Serif.
Por fin, cuando se dan vuelta ante el edificio de consultorios médicos, se apresuran por entrar. Saben que han llegado tarde. Que en estos meses su acompañante seguramente ha visitado al médico en tantas ocasiones que ya se ha casado con él y construido toda una vida en alguna costa itálica.
Pero cuando entran, se dan cuenta de que no es así.
Allí está, sentado en la sala de espera, aguardando su turno para ser atendido. Ven la hora y es real su sospecha: Son las diecinueve en punto de aquel día en que su viaje comenzó. Cuando se dan vuelta, el bisonte los mira de reojo y les hace un guiño, antes de desaparecer en un destello eléctrico, casi divino.
Y cuando menos lo piensan, su amigo se ha volteado hacia ustedes y les ha dirigido una sonrisa. En sus labios pueden leer la frase “Qué puntual”.
Parpadean.
Cuando abren los ojos, están contemplando el techo de manera borrosa. Un sentido de urgencia los devora. ¿Están en la cama?
Su reloj se los confirma. Las diecinueve con diez minutos.

¡LA PUTA QUE LO PARIÓ!

Tan lejos

Tan lejos. Un lágrima incandescente, peligro consciente de mi bailoteo audaz y melancólico, se desliza lentamente por mi agrietada piel.

Luz viajera e impedida, inválida y petrificada, que pretende finalizar mi día de fines eternos. Sensación insoportable. Tan lejos.

Y tras mis párpados, una mirada acurrucada, protegida inútilmente del horror de la no-luz, que ni por su nombre puede llamar.

Tan lejos, dice mi lengua de nuevo, aprisionada tras el muro de mis labios. Tan lejos, se repite y llora en explosión.

Tan lejos, dice al morir, en un susurro vivo, venciendo finalmente la barrera desgraciada del cuerpo, para entrar con gloria al perfecto e indecible mundo de la no-vida.

Que ni por su nombre puedo llamar.

Cuentos cortos I

Mujeriego

Cuando era muy niño escuché esta historia de un viajero. Hablaba de un señor que, en otros tiempos, había resultado ser un gran mujeriego. Según el viajero, era capaz de hacer por las mujeres cosas inverosímiles.
Una vez voló, en otra ocasión sanó a dos lisiados y hasta llegó a resucitar cuatro veces en una misma semana. El viajero me dijo “Esas sí que son cosas inverosímiles”.

Encerrado

Al abrir los ojos, notó que había funcionado: ¡Había viajado en el tiempo! El método era experimental. La máquina, un prototipo. Pero había dado resultados, se encontraba en algún momento del pasado.
Aturdido por la emoción, fue incapaz de reconocer su entorno en un primer vistazo, y fue por eso que sintió un pequeño susto al caer en la cuenta. Estaba encerrado. Era un espacio muy pequeño y oscuro; tan pequeño, que podía sentirlo rozando su piel.
Y ese era otro detalle, estaba desnudo y mojado. Efectos del viaje, pensó, tranquilizado por el razonamiento.
Entonces, más consciente, trató de encontrar una salida. Contempló sus extremidades y lo reconoció con espanto: estaban deformadas. Fofas, débiles y llamativamente cortas. ¡El viaje me ha deformado!
Sin comenzar a comprender, sacudió brazos y piernas con desesperación, empujando aquellas extrañas paredes, blandas al tacto, pero firmes a la presión.
En un momento, mientras hacía fuerza con sus empequeñecidos pies, creyó escuchar un sonido sobre el silencio aplastante. Aguzó los oídos.
- Tocá, sentí, creo que está pateando. – Dijo dulcemente, pero emocionada, una mujer desde el otro lado.
Horrorizado, abrió la boca para gritar.
Pero no salió ningún sonido.

20 de agosto de 2010

Que en paz descanse

Aunque suene extraño, siempre que me encuentro en un velorio, no puedo evitar sentir un profundo sueño. Y, lejos de combatirlo, me dejo llevar por él, inclinando mi cabeza lentamente hacia un costado primero, cayendo profundamente dormido después.
La gente no se preocupa por despertarme: A algunos les escandaliza o disgusta, pero nunca podrían entablar una discusión en medio de semejante congregación social.
Entonces heme allí, durmiendo entre los parientes, los visitantes, los desconocidos.
Eso sí, tengo un pequeño problema. Cada vez que alguien se acerca al féretro sumisamente y con las mejores y más respetuosas intenciones, y murmura con sufrimiento Que en paz descanse, me despierto. No puedo evitarlo ni sé por qué sucede.
Puedo estar en el otro lado de la habitación, rodeado de gordas y otros posibles filtros de sonidos, pero siempre lo escucho y me despierto. No abro los ojos, no me sobresalto. Pero recobro conciencia, a la vez que formulo mentalmente mil insultos e injurias hacia el malnacido que se ha acercado a pronunciar la bendita frase ante el cadáver.
Resulta que estaba una vez allí, durmiendo, plácidamente entregado al cobijo de la inconsciencia y la suavidad etérea de los sueños, cuando lo escuché. Que en paz descanse. Cuando intenté nuevamente dejarme arrastrar a los reinos de Morfeo, alguien, un pequeño idiotita, lo pronunció nuevamente.
En el tercer intento, cuando ya me creía reclamado por las profundidades sublimes de la irrealidad subconsciente, una ronca voz de viejo se apuró a decirlo, como si supiese que iba a despertarme.
Lo que sucedió a continuación fue extraño. Se sucedió una larga fila de mujeres, cada una con una nueva forma de la frase mágica e inquietante. Que en paz descanse. Que esté con Dios. Ahora esta en un lugar mejor. Dios obra de maneras misteriosas. El señor en los cielos lo ha llamado y ahora descansa en él.
Harto, me incorporé hasta quedar sentado en medio del féretro y miré furibundo a las horrorizadas mujeres sin darles tiempo para aferrarse a sus rosarios.
- ¡Nunca voy a descansar en paz si me siguen rompiendo las pelotas!
Y agregué, mientras volvía a recostarme:
- ¡Háyase visto!

14 de agosto de 2010

25 y San Juan

Esta podría ser una charla entre dos adolescentes en unos doscientos años.

(Traducido parcialmente del tucumano)

- Está como para comerse un asadito bien jugoso, ¿No es así? – Preguntó Marcos a su amigo, mientras caminaban por las calles céntricas tucumanas. De su ectómago surgió un sonido provocado por el hambre que sentía.


- ¡Qué anticuado que sos, Raúl! ¿Por qué no algo más típico? – Le respondió su compañero. Ambos eran alumnos de la recientemente inaugurada carrera de Licenciatura en Nanotecnología Aplicada.


- Una empanadita querrás decir… - Adivinó Raúl, ilusionándose.


- No, hoy por hoy… Me gustaría una buena hamburguesa. – Le respondió Marcos, causando sorpresa en su amigo.


- ¿Eso te parece típico? – Exclamó Raúl, anonadado. Marcos lo miró con detenimiento.


- Claro, ¿Qué no sabías que McDonald’s es tucumano?

Raúl se detuvo en seco, atravesando la nuca de su acompañante con una gélida mirada.


- Noooo… - Dijo, casi en un suspiro, y torciendo su cabeza en un gesto de incredulidad.

- Oíme. – Ordenó Marcos. - Ronald McDonald era un escocés que sobrevivió a la catástrofe del 2012. Pobre y sin un peso, llegó hasta Tucumán, y, como todas las naciones del hemisferio sur, descubrió que estaba lleno de posibilidades. Fundó un barcito allá por la 25 y San Juan y prosperó. Hoy por hoy… tiene sucursales en todo el planeta habitable. Eso es Sudamérica y partes de África, por si no sabías.


- Sí sé, sí se. – Aseguró Raúl. – Pero te juro que yo pensaba que McDonalds era un invento yanqui.


- ¿Yanqui? ¿Yanqui, decís? – Se mofó Marcos. – Esos ni se pudieron bancar un par de tormentitas, flaco. Hoy por hoy… Son sólo un cráter. ¡Menos van a inventar las hamburguesas en el 2012!


- Tenés razón. Lo único, por ahí…


- Por ahí… ¿Qué? – Preguntó Marcos, interesado.


- Y… Que pasaron tantas cosas durante esos años, quedó tan poco de lo de antes, que… Bueno, hoy podrían decirnos cualquier cosa y nos la creeríamos, podría inventarse toda una nueva historia. Qué se yo…


- Raúl, Raúl. – Se rió Marcos. – Primero un asado y ahora esto. ¡Tenés cada idea vos!


13 de agosto de 2010

Compre, compre ya

- Hola, ¿Qué tal? Le ofre
Portazo.
El vendedor se quedó mirando la puerta con la mitad de la palabra detenida en el borde de su lengua, tambaleante, vacilante.
Cayendo.
- zco. – Finalizó. Sin modificar su expresión, pasó a la siguiente casa de la manzana. Caminó por la vereda aferrado a su maletín como si fuese una parte más de su propio cuerpo.

De pie frente a una nueva puerta, dio inicio al proceso automático, ensayado por semanas, que comenzaba por una radiante y forzada sonrisa y terminaba con su dedo sobre el timbre, presionándolo firme y constantemente hasta que la puerta se separaba de su marco y una curiosa y algo molesta cabecita aparecía por la rendija.

- Hola, ¿Qué tal? Le ofre(dudó, una duda fugaz, de naturaleza atómica; normalmente la esperanza de vida de sus discursos promediaban las cuatro palabras y media)zco un nuevo producto de empresas SpectoGram. – El rotundo éxito del engatusamiento se vio reflejado en los ojos del potencial cliente, donde podían verse los deslumbrantes dientes blancos del vendedor.

El cliente abrió un poco más la puerta, dubitativo, desconfiando. Su expresión era absolutamente nula. Tan sólo lo suficientemente ambigua como para parecer al mismo tiempo expectante e indiferente. Interesándose pero sin comprometerse. Creyendo que así podía justificarse si en el final decidía no adquirir el producto.

O tal vez simplemente no podía decir que no, como era en muchos casos, y se limitaba a observar hasta que podía juntar la ene con la o y responder negativamente, moviendo la cabeza en un temblequeo hacia ambos costados.

- El condensador de emociones Neutra-Emotion Deluxe. – Indicó el vendedor, extendiendo un folleto holográfico de baja calidad. – Con este pequeño aparatito instalado en su casa, usted puede neutralizar las emociones negativas liberando hormonas en el aire, propiciando así un ambiente agradable.

El cliente miró el folleto pero no lo tomó con sus manos.

- Simplemente basta con seleccionar en el dial la potencia adecuada: Placidez Moderada, Tranquilidad-Con-Sobresaltos, Sonrisa Constante y Felicidad Utópica, siendo ésta última no recomendada durante largos períodos de tiempo.

El cliente miró el folleto nuevamente y trató de hacerse a todos sus detalles sin tomarlo con las manos.

- Y si no le interesa, SpectoGram le ofrece la última novedad en materia de mascotas. El Pet Brain High Potencial, un maravilloso artilugio que permite que su perro, gato, canario, hámster, tortuga, conejo, vaca, delfín, caballo, orangután, cameeeeeezzztt tz tz tz

El cliente lo miró. El vendedor había comenzado a soltar chispas desde la boca.

- me me me me me me me - Continuó, por unos segundos, hasta cambiar la voz para decir “Restoration point” y proseguir normalmente. - O cualquier animal permitido para su crianza doméstica, desarrolle un coeficiente intelectual semejante al de un niño de seis años. Podrá aprender a contar, sumar, restar y componer textos simples, además de ser capaz de razonar y comprender. – Automáticamente agregó a su mano un segundo folleto holográfico, ésta vez en colores.

El cliente vaciló por un segundo. Finalmente se hizo con ambos folletos y los observó detenidamente.

- Por último, tengo para ofrecerle una última novedad. – Todas lo eran. – ¿Harto ya de tener que discutir con sus parientes por el control de la holovisión? ¿Quiere ver un buen partido de soccer deathball y su esposa la última edición de las holonovelas, y nunca pueden llegar a un acuerdo? Pues hágase con el nuevo Simultá-NeoVisión, el nuevo holovisor con emisor-receptor telepático.

El cliente apartó su mirada de los folletos y la concentró en el robot con maletín que tenía frente a sí.

- Este holovisor muestra a cada holovidente mentalmente el canal que desean ver, pudiendo hacerlo con hasta cinco espectadores al mismo tiempo y consumiendo la misma energía que un holovisor normal. No se pierda nunca más a su equipo favorito ni a sus estrellas de cine: véalas en Simultá-NeoVisión.

El robot vendedor finalizó, sonriendo y mostrando un nuevo folleto.

El cliente le devolvió los anteriores, seguramente deseando algún producto pero recordando las cuentas y las deudas, además de otras necesidades prioritarias. Tras sacudir levemente la cabeza hacia ambos costados, cerró la puerta.

El vendedor regresó a la vereda y se aproximó a la siguiente casa.
Sonrisa, dedo, timbre. Puerta.
- Hola, ¿Qué tal? Le ofre

12 de agosto de 2010

Puequeño Glosario del Coloquio Íntimo

Verga: (Del lat. virga). F. Pene. || 2. Situación incómoda o de malas características. Fue una verga el recital. || 3. Persona cruel o egoísta. Sos una verga por no convidar. || 4. Lugar nefasto, generalmente lejano y de ubicación imprecisa. Andate a la verga. || 5. Atribución genérica de características malas o negativas. ¡Qué verga esto! || 6. Punto final en oraciones. Y al final me fui. Verga. || Concha de la verga. Maldición utilizada en momentos de sumo fiasco o accidentes menores, tales como manchas, caídas, equivocaciones, etc.

Flaco/a: (Del lat. flaccus). Persona. || 2. Fórmula típica que se utiliza para denominar un amplio rango de sujetos a los que se les atribuye características genéricas. En la esquina había un flaco. || 3. Sustituto universal de nombres de pila. || 4. Man.

Terrible: (Del lat. terribĭlis). Que resulta ser de suma relevancia. || 2. Situación muy mala y llamativa. Solo y sin plata, ¡Terrible! || 3. Situación muy buena y emocionante. Te sacaste un diez, ¡Terrible! || 4. De enormes proporciones. Terrible edificio había en la ciudad. || 5. De sabor exquisito. Anoche me mandé una mila terrible. || 6. Persona desobediente o rebelde. Sos terrible vos, ¿Eh? || 7. Persona sumamente exigente. Es terrible ese profesor, terrible. || 8. Situación altamente emocionante. Fue terrible la montaña rusa, posta.

Show: (Voz ingl.). Excelente, llamativo, magnífico. || 2. Muy acertado u oportuno. Me llamó justo cuando me desocupé, un show. || 3. Aceptación resignada de lo que se ha podido conseguir. Show si te sacaste cuatro.

Chequeta: (Del dim. De Chico). Mujer hermosa. || 2. Mujer que ha realizado un gesto con connotaciones sexuales o de sensualidad. No me guiñes así el ojo, chequeta, que pienso cualquier cosa. || 3. Mujer que se muestra indiferente. Me ignora la chequeta, se muere de ganas. || 4. Mujer que no se sabe observada. Mirala a esa chequeta que va corriendo. || 5. Mujer.

Pechar: Bastar, alcanzar. || 2. De algo que interesa. Pecha la película, ¿No? || 3. Comida ligeramente sabrosa. Pecharon las pizzas. || 4. Decisión. No sabía que hacer, pero pechó ir al teatro.

Copado: Entusiasmado o fascinado con algo. Se quedó copado con la mina aquella. || 2. Interesante. Qué copado este libro. || 3. Metido de lleno en la situación, compenetrado. Estaba copado con el partido y no escuché el celular. || 4. Sorprendente o llamativo. El malabarista era muy copado.

Posta: Verdad irrefutable. || 2. Refuerzo para lograr confianza en las afirmaciones. Esa película es mala. Posta.

Moquero: Persona descuidada o torpe. || 2. Persona que ha quedado en ridículo frente a otras. || 3. Cosa mala o de baja calidad. Este libro es moquero. || 4. Persona tonta. Moquero, ¿Qué no sabés sumar?

Moco: Equivocación, error. Me mandé un moco. || 2. Dicho de una persona: Que es moquero.

9 de agosto de 2010

Les propongo un juego

Hace un tiempo ya, será unos meses, que quería participar de algún tipo de juego cuyo sistema consistiese en el ejercicio de la escritura o alguna destreza literaria similar. Tras una infructuosa búsqueda en Internet, había desistido.
Sin embargo, tiempo después, a Sole le confirieron en su colegio una tarea que sonaba por demás interesante: Básicamente le proporcionaban seis ideas/frases, a partir de la selección de una de las cuales debiera componer alguna pieza en forma de cuento o narración.
Automáticamente desarrollé una idea traviesa. Una vez le devolvieran la consigna, podría pasarme las seis ideas y yo compondría un escrito en base a la misma idea seleccionada, a fin de comparar ulteriormente los resultados.
Dicho y hecho, realizamos hasta el día de hoy tres de las ideas.
Y la propuesta a ustedes, fieles lectores, es la siguiente:
Seleccionen una de las seis ideas, y, sin leer los escritos ya finalizados, se animen a componer la propia, para luego agregarla. Como todo juego, éste también tiene sus reglas.


1) A partir de la selección de la frase o idea, tienen unos cinco o diez minutos para prepararse. Luego de eso, cuentan con cuarenta minutos para desarrollar el texto. Esto es porque originalmente la tarea fue dada en clase y el desafío consistía en que quedaban veinticinco minutos antes del recreo. Para alivianar un poco ese peso, extendemos el límite unos minutos más, pero ojo: No es obligatorio, si se llegase a superar el tiempo, no está mal; pero cuanto más rápido y de un tirón salga la historia, mejor.
2) No hay límites mínimos ni máximos en la extensión de las narraciones.
3) La frase/idea no debe aparecer como una oración transcripta en el texto, aunque está permitido.
4) Están permitidos todos los géneros y tipos de narraciones. Exhortamos a la liberación creativa y a la exploración de posibilidades.
5) Está prohibido leer los textos realizados antes de comenzar el propio. Por un lado, no queremos que al realizar la nueva pieza, ésta sea forzosamente distinta a las anteriores. Por el otro, no queremos ni influir ni limitar y nos gustaría que cada creación sea absolutamente pura.

6) Dejen sus resultados en los comentarios del post.


Elige una de las siguientes propuestas para narrar:

1. Todo empezó en el túnel, en ese oscuro pasadizo de tres dimensiones: Húmedo, solo, tétrico.

2. Me levanté sobresaltado/a pensando que mi vida no podía seguir así, sin motivos, sin ilusiones.

3. Llegué a la esquina y tropecé con un hombre que se parecía mucho a mí, diría que casi era mi clon.

4. La lámpara de Aladino había desaparecido y Caperucita Roja era la principal sospechosa.

5. Los Tres Chanchitos corrían por la pradera porque el lobo los perseguía gritándoles guarangadas.

6. Blancanieves con ayuda del Príncipe decidió acabar con el monopolio de la industria de las manzanas.


Con Sole hicimos las ideas 3 y 5, con un fallido intento por la 6. Les dejo a continuación lo que resultó.


Idea 3, por Sole

Llegué a la esquina y tropecé con un hombre que se parecía mucho a mí, diría que casi era mi clon.
“El segundo esta mañana” pensé, mientras acomodaba mis manos en los bolsillos del impermeable.
Caminando, aún más encorvado todavía, crucé la calle.
Ya había llegado.
Me paré frente al descomunal edificio y entrando a través de la puerta vaivén, me crucé con otro que avanzaba en sentido contrario. Se sacó el sombrero y amablemente con una sonrisa mecánica me dijo:
- Buenos días.
Sólo asentí con la cabeza y antes de verlo desaparecer en la inmensidad del tránsito, atiné a vislumbrar la placa identificatoria que llevaba prendida en la solapa del sobretodo: “Bob 1035”.
Caminé, sin mucho más entusiasmo, cruzando el lobby para abordar el ascensor y dirigirme al primer piso.
- Buen día – me dijo la recepcionista.
No respondí.
Entré en el despacho y esperé a que él llegara.

Abrió la puerta con una de sus mejores sonrisas y me vio sentado, sintiéndome ínfimo, en sus sillones de cuero.
Se sentó frente a mí y se cruzó de piernas, apoyó sobre su falda mi ficha y la leyó sin mayor detenimiento.
- Bueno, ¿Qué te trae por acá? – resolvió unos minutos después de leer.
Cerró la carpeta y me prestó atención.
- Esta mañana sentí que mis piernas no respondían correctamente.
Asintió con determinación, agarrándose la barbilla:
- No me parece extraño, según tu historial, en la fábrica cometieron algunos errores.
Aún con más confianza en sí mismo, se paró y se encaminó en mi dirección.
- El brazo – Me pidió, sin necesidad de aclaraciones, una vez que estuvo a mi lado.
Introdujo la contraseña, discando suavemente en la pantalla de mi antebrazo y yo sentí cómo todo en mi interior se desconectaba y cómo caía en una somnolencia forzada.
Siempre odié a los mecánicos y a todas sus revisiones innecesarias.


Idea 3, por Santiago

Los chicos parecieron realmente entusiasmados cuando sus dedos índices se alzaron al unísono para señalar al hombre que acabábamos de cruzar. Uno de ellos, con la euforia todavía brillando en sus ojos, me gritó “¡Era tu clon!”. Volví mi rostro rápidamente, emocionado ante aquella posibilidad, la del misterioso parecido físico con un total desconocido. Pero lo único que alcancé a ver fue una fugaz silueta desaparecer tras la esquina.
Entonces recordé por qué no había alcanzado a verlo. En un descuido, me había distraído hablando con uno de mis acompañantes. Al dejar de atender el camino, no había visto a una persona que venía en mi dirección. Sin embargo, un murmullo me había anticipado su llegada; luego sabría que habían sido comentarios sobre el parecido notado. Cuando miré, esta persona impactó contra mi hombro, pasando rápidamente. Lo que pensé en ese momento, sin llegar a enojarme, fue “¿Cuál es el apuro?”, pero ignoré ese pensamiento cuando uno de mis amigos se me acercó con la carcajada naciente y la expresión maravillada.
Cuando me volví y lo vi desaparecer muchas preguntas asaltaron mi mente… Nunca había visto así a mis amigos. Y por alguna razón no podía dejar de pensar en que el desconocido me había parecido de aproximadamente mi estatura y de igual color de cabellos. Pero, sobre todo, juraría haber reconocido su remera como una muy parecida a una mía. “¿Podría ser que…?” Comencé a preguntarme, a dejarme llevar por una loca imaginación que me llevaría a mil posibles conclusiones. Pero no pude.
- Es él, él. – Dijo, señalándome, un hombre de una tupida barba cana, que venía frenando una corrida aparentemente prolongada, indicada por su agitación y gotas de sudor. – Él me robó, oficial.
Y entonces noté su séquito de policías, igualmente agitados, armados con pistolas y porras. Sus expresiones de cansancio se transformaron en unas de urgencia al verme tan quieto y desprevenido.
Mientras se acercaban a mí a trompicones, blandiendo sus armas y profiriendo órdenes y amenazas, tuve tan sólo un segundo para comprender. Habían estado persiguiendo a aquel que se me parecía. Ese pensamiento me tranquilizó, todo estaría en orden.
Cuando me tuvieron en el suelo, y tras propinarme algunos golpes, comencé a explicarles tranquilamente que no era yo a quien buscaban. Pero, como era de esperar, me ignoraron, así que comencé a gritarles.
Intenté, por todos los medios posibles, que me oyeran y me dejaran ir, hasta que sucedió aquello que me dejó estupefacto.
Uno de los policías hurgó en mis bolsillos y extrajo algo que no debía estar allí. Se lo mostró al canoso y éste asintió, envolviéndolo cuidadosamente en un paño.
Aunque me costó un poco al principio, recordé y entendí. Mi clon, mi parecido, lo había puesto en mi bolsillo cuando me había chocado. Había notado mi parecido y se había aprovechado de ello.
Mientras me subían a un patrullero, me preguntaba una y otra vez si es que de alguna manera él sabía que yo iba a estar ahí, que iba a cruzarse conmigo.
Mientras me alejaba en el patrullero, volví mi cabeza para mirar.
Allá atrás vi a mi clon, rodeado por mis amigos. Sonreía.
El patrullero giró en una esquina.


Idea 5, por Sole

Aquella plácida mañana de domingo primaveral, los tres chanchitos paseaban por el bosque.
Cantando, recogían flores, sin que nadie se imaginara que estaban siendo acechados.
El lobo, se relamía entre el tupido follaje, haciendo un gran esfuerzo por mantener el estruendo de su estómago a un volumen lo más bajo posible.
Uno de los chanchitos, un tanto cansado, se detuvo en una de las curvas del camino, para descansar las pesuñas, dejando que los demás se le adelantaran.
El lobo, aprovechando la oportunidad, se acercó, casi sin hacer ruido.
El chanchito se refregaba las patas cuando una gran sombra apareció a sus espaldas.
Asustado, se volvió, y vio a nada menos que al lobo relamiéndose.
Ahora, petrificado, trató de gritar en busca de ayuda, pero el lobo supo ser ágil y le tapó la boca.
- No grites – le susurró al oído – Cortala con el teatro, no hay nadie.
El chanchito, echando un vistazo a los alrededores, suspiró y se alejó unos pasos del lobo para poder observarlo.
- No tengo nada para ofrecer – La criaturita rosa y rechonchita, se encogió de hombros y trató de proseguir su camino.
- ¡¿Cómo que no tenés nada para ofrecer?! – El lobo se transfiguró, sacando sus garras y salpicando saliva encima del chanchito, que, al escucharlo vociferar, se volvió con compasión.
- Bueno, está bien, pero el precio sube, me cuesta mucho conseguirlas estos días.
Sin apuros, sacó del bolsillo de su pequeña campera un atado minúsculo de espinaca.
- ¡¿Esto es todo?! – Bramó el lobo – ¡Sabés que esto no es suficiente!
El chanchito volvió a encogerse de hombros y guardó la verdura en el bolsillo, hizo señal de despedida y cuando ya estaba por darse vuelta, el lobo lo tomó por los talones.
Llorando, le imploró que lo perdonase:
- ¡Es que no podés darte una idea del estrés que causa tener que aparentar y sobre todo en mi condición!
El chancho, sin desconocer la situación, lo palmeó en el hombro y lo obligó a erguirse.
- ¿Lo querés o no?
El lobo, enjugándose las lágrimas, asintió.

Ese mismo día, más hacia la tarde podía verse en el prado tres puntos rosa deslizarse con velocidad entre el suave pasto, siendo aturdidos por injurias, provenientes del lobo, que los correteaba por detrás. Resultaba ser, que, el atado de espinaca, había sido en verdad un atado de hojas comunes y silvestres, ocultando finas tiras de carne de oveja en su interior. A sabiendas de que los lobos odian que les hagan bromas sobre comer ovejas, ¡Qué disparate sería!


Idea 5, por Santiago

La liebre se detuvo a descansar bajo la sombra de un árbol.
Cantaba y se reía. La tortuga nunca la alcanzaría. Y le divertía mucho tomarse esos descansos que poblaban de falsas esperanzas el lento espíritu del animal acorazado.
Se puso de pie: la tortuga se encontraba próxima a la meta de la carrera. Con tranquilidad, la dejó aproximarse aún más. En un abrir y cerrar de ojos la superaría y ganaría la carrera, ridiculizando aún más al pobre animalito.
Un metro, diez centímetros le quedaban a la tortuga cuando la liebre se aprestó para ganar. Dio un paso y… Un chanchito la chocó, lanzándola al piso.
- Perdón - Dijo, y continuó corriendo. Tras él, dos chanchitos más.
Alarmada, la liebre se puso de pie. La tortuga, al parecer, sólo había avanzado cinco centímetros. Todavía podía ganar. Con tranquilidad comenzó el trote, cuando un lobo la chocó y la lanzó al suelo. Éste, sin inmutarse, avanzaba profiriendo alaridos.
- Chanchos malnacidos hijos de puta los voy a carnear van a ver me voy a hacer un sanguche de ustedes la concha de la lora y todos los pájaros juntos.
Y se perdió en la distancia, tras los pequeños porcinos.
La liebre se puso de pie. La tortuga había ganado la carrera y era felicitada por todos los animalillos del bosque.

El lobo continuó su corrida, desesperado, enojado, enfurecido, hasta diría “ido”.
Todos en el bosque sabían de la astucia y la picardía de los chanchitos, traviesos a más no poder. Y lo habían probado escabulléndose en la casa del lobo y robándole un álbum con ciertas fotos en los que aparecía vestido de mujer con un camisón más bien ridículo.
No podía permitir que los demás en el bosque se enteraran. Suficiente había tenido con aquel leñador
Y los chanchos eran, como diría el lobo por años, unos verdaderos hijos de la reputísima madre que los parió.
- ¡Chanchos! – Gritó - ¡Hijos de la reputísima madre que los parió! – Insistió, mientras corría apresurado. En la distancia veía las siluetas de los cerditos correr despavoridamente. – Denme el álbum. ¡Conchudos!
Apresuró sus pasos. Si no fuera por aquella liebre, ya tendría a los cerditos entre sus garras. Y, lo más importante, el álbum. “¿Por qué lo guardo?” Se preguntó, como muchas otras veces.
Así corrió, gritando guarangadas e insultos, atrayendo la atención de diversos animales. Hasta que perdió a los chanchos de vista. El corazón le dio un vuelco.
Rápidamente se volvió, para encontrar en las cercanías a un gato vestido con ropajes de cuero. El lobo se le acercó.
- ¿Qué onda? – Le dijo, mirando las botas del animal. – Digo, ¿No viste pasar unos chanchos por acá? - El gato lo miró y asintió, señalando con su zarpa hacia unos árboles. El lobo le agradeció y salió corriendo.
- ¡Ya los voy a agarrar mierdas! ¡Devuélvanme las fotos, pelos de escroto! Les voy a partir el orto, soretes. – Gritó, con su mejor tono.
Cuando traspasó los árboles, se detuvo. Frente a él había una casa completamente hecha de cerillos. Primero pensó “Qué curioso, che”. Hasta que vio el chiquero a un lado de la casa.
Ésa, era la casa de un chancho.
- Te agarré, hijo de puta. – Murmuró. Y recordó aquella técnica que había aprendido años atrás. Nada, ni siquiera una casa, podría resistirse a un buen soplido de Lobo Feroz.

8 de julio de 2010

Canal UNSTA presenta:

Bueno, esto se me ocurrió cuando me dormía en el colectivo.
Resulta que hay un sketch de Les Luthiers en el que van presentando shows y programas de un canal de televisión. Se llama La Tanda. Copiándoles un poco el formato, los homenajeo parodiando a mis compañeros de la facultad.

Canal UNSTA presenta, en noche de cine, un homenaje al retirado actor Alberto Del Santo con dos de sus mejores películas. A las 20 horas, Taxi Driver, una comedia de desencuentros en la que el protagonista, Tito, un ocurrente taxista calvo, debe obedecer a dos mujeres dementes en un recorrido frenético por la ciudad. Con las actuaciones estelares de M. Capmo y B. Cirqueganni. Y a las 22, el agente 307 está de regreso con: El misterio del blanco Fiat. No se pierda las aventuras del famoso espía salteño: “Me llamo Ton, Gass Ton, agente 307 con licencia para conducir”. Dos horas de increíble acción de la mano de sus cada vez más sorprendentes gadgets tecnológicos. Este Lunes después de Teología.

Canal UNSTA presenta una producción CampusPlus. Cuando les ordenan una misión, siempre están listas para responder. Son… Los Ángeles de Joseph. Luli, Delfi y Valebé, siempre listas cuando su jefe, Joseph, las convoca. “¡Hola ángeles!”, “¡Hola Jochu!”, es el saludo que precede una nueva hora de acción y aventuras, todos los Viernes a las 21.

UNSTA, más, y mejor programación. Adherite a nuestro servicio por sólo $900 pesos mensuales y tu conversión al Catolicismo.

Este sábado no se pierda, por la pantalla de Canal UNSTA, un documental especial sobre el cantautor más famoso de nuestro tango. Luciano “Incao” Teves, la voz y guitarra del dos por cuatro tucumano. Sus inicios, su crecimiento lejos de su familia, su triunfal regreso a la ciudad de Concepción en aquel día de lluvia y frío que nadie salió a recibirlo. Imperdible, este sábado a las 23.

La serie que atrapa a millones de fanáticos. Una isla, muchos misterios. ¿Quién estuvo allí antes? ¿Por qué no llegan los medios de comunicación? ¿Existe una salida? No se pierda “Bracho”, la genial serie de J.J. Villegas, protagonizada por Santos Juaro. Todos los martes a las 20 horas.

UNSTA presenta una producción Duch No Sky: Matar. Matar por dinero. Ésa ha sido su vida. La mafia griega lo ha educado así. Sin embargo este hombre tiene una debilidad. Su novia Anna., una dulce e inocente muchacha. Él no puede permitir que sepa de su pasado ni que la mafia sepa de ella. Pero un día es raptada y llevada a otra provincia. Y, al parecer, sus captores son la misma mafia que lo ha criado. ¿Será capaz de volverse contra su familia por una mujer? Assassin Matio. Una espectacular superproducción, este domingo a las 22.

Se hace de noche, tenés ganas de pasar un buen rato. Entonces mirá Nico Trasnochado, un genial talk show en el que Nicolás Naranjo entrevista a todos los profes de las cátedras mientras hace los trabajos de taller y lenguaje. Todos los días desde las 0:00 hasta las 8:00.

No se pierda el próximo jueves la más reciente película del clásico infantil. Maltratada por su madrastra y sus dos malvadas hijas, le pedirá un deseo a su hada madrina: poder bailar con el príncipe. Pero el hada le pone una sola condición: Tendrá que ser hasta las doce de la noche. No se pierda la nueva versión del clásico de cuentos. Vea las maldades de las nefastas hermanas Merceditas y Blanca y el pobre sufrimiento de una niña modesta. Este jueves, a las 22:30, Floricienta, interpretada por F. Barrionuevo. Y hasta no más de las doce.

¡Flash de noticias! Aquí José Luis Valdegas, informando para UNSTA. Esta mañana durante el torneo nacional, en plena contienda futbolística, los hermanos Berutti, conocidos delanteros, tuvieron una nueva disputa. Fue durante el partido Salta-Tucumán. Sus compañeros miraron atónitos la discusión, que terminó con Nicanor Berutti dejando el partido en pleno juego. “Siempre hace lo mismo, así es él” Explicó Mateo Berutti en una rueda de prensa. El partido, sin embargo, fue suspendido y podrá ser retomado una vez que se calme la situación. Informó José Luis Valdegas.

UNSTA siempre con la mejor programación. Adquiriendo el pack Premium Diseño o Ingeniería, se lleva de regalo el pack Teología Fundamental Dogmática. Horas de entretenimiento para toda la familia. (Visión mínima del 75% de las emisiones; caso contrario todas las señales serán cortadas, a excepción de Teología)

5 de julio de 2010

Dune (1984)

Ficha
Título Original: Dune
Magia de los traductores: Duna (No la cagaron tanto esta vez)
Año: 1984
Director: David Lynch
Guión: David Lynch
Basada en: Dune, una novela de Frank Herbert
Intérpretes: Francesca Annis, José Ferrer, Linda Hunt, Patrick Stewart, Sting (?), Max Von Sydow
Música: Toto
Productores: Dino de Laurentiis, Rafaella de Laurentiis

Una sinopsis
Diversos kilombos políticos en torno al control de un planeta, Arrakis (Dune para los amigos), mientras se gesta finalmente el cumplimiento de una profecía milenaria. El planeta es el único que produce la especia, una sustancia que alarga la vida y permite el viaje espacial. La profecía, por otro lado, habla de un súper ser que tiene diversos poderes y salvará Arrakis.

Contada y opinada
Dune. ¿Se acuerdan del videojuego? O tal vez de la novela (que no leí). El juego era el típico de estrategia. Tenías que clavar una harvester en el desierto para sacar la spice y así hacer guita y alimento y todo eso, y tener vaguitos, como fuera. Les cuento la peli más o menos.
(MEGA Spoiler Alert!) Empieza con la tapa de un libro, Dune. O sea, sí, te muestran la tapa del libro en un acercamiento medio pedorro, como para que tenga sentido que hay un narrador incómodo a lo largo de toda la historia. Eso, según mi punto de vista, esta mal. Es libro, o es película. Si hacés una adaptación a cine, no hace falta un narrador, debería bastar con lo que estoy viendo. Pero creo que tiene su justificación en tres cosas:
1. La película dura casi tres horas, copate.
2. La adaptación les duró 3 horas incluyendo el narrador que cuenta cosas.
3. No podían mostrar todo en una peli de 12 horas, porque, bueno, no les alcanzaba la plata.
Esto de la plata se nota en muchas cosas. Por ejemplo, los efectos son pésimos. Y es una película posterior a Star Wars, salió en la misma década que Alien, Blade Runner, Back To The Future. Algunos fondos son una pintura; no es joda: realmente son una pintura. El espacio, por ejemplo, son las naves contra un fondo pintado de estrellas. No digo que la técnica sea mala (Star Wars, por ejemplo, lo hizo en la escena de la batalla en Hoth), sino que se notaba mucho y era incómodo.
Como fuera, volviendo a la narración. Después de la tapa del libro, dice "Prólogo", y se muestra un fondo de estrellas y la cámara se mueve y va mostrando a cuatro planetas: Giedi Prime, Arrakis, Kaitain y Caladan. Te cuenta una historia. Transcurre el año 6041, la humanidad se ha expandido al universo, pero viven dominadas por las clases superiores que cuentan con máquinas pensantes. Un día, se hartan y se hace la revolución Religiosa. Destruyen las máquinas y se dan cuenta de que ya no saben usar la mente, así que crean dos escuelas: La Bene Gesserit, para minas, donde las educan para llevar a cabo un programa de reproducción selecta, y todas las minas son calvas. La otra escuela es la Spacing Guild, o Guild para los amigos, que es para chabones y son los controlan el viaje espacial usando la orange spice, una sustancia que se encuentra en el planeta Arrakis, y todos los vagos son calvos, con cables en la cabeza y usan un aparato para traducir el balbuceo horrendo que hacen. Los grossos que controlan el viaje espacial son como cerebros gigantes flotantes con bracitos y ojos que viven entubados. Un asco.
Bueno, pasa el tiempo, año 10192, los cuatro principales planetas del Landsraad (Sería como un feudo), son Kaitain, donde vive el emperador; Caladan, donde vive la familia Atreides; Giedi Prime, donde vive la familia Harkonnen; y Arrakis, donde existe la spice. El Emperador padishah Shaddam IV recibe la visita de una delegación de la Guild. Éstos lo presionan para que revele su plan, que es así: Va a poner a los Atreides a dirigir Arrakis, los Harkonnen se van a embolar porque ellos estaban antes; les va a prestar tropas, así los Harkonnen ganen. Entonces ya no le va a molestar la creciente popularidad de su primo Leto Atreides, Duque de Caladan.
Los de la Guild se copan pero le dicen que tiene que matar a Paul Atreides, el hijo del duque. Las cosas siguen con que el tal Paul es un capo en los estudios, en el combate, en la diplomacia, un GRAN grosso. Y que su madre era alumna de las Bene Gesserit, pero le habían dicho que sólo tuviese hijas mujeres, cosa que desobedeció y al parecer su hijo ahora es especial (las Bene Gesserit tienen como telepatía). Los Atreides reciben la orden y se mandan para Arrakis, mientras el heredero Paul tiene una y otra vez sueños extraños.
Los Harkonnen, mientras tanto, se embolan y planean el ataque, con toda la grosura porque tienen un inside man entre los Atreides, que es el Doctor Yueh.
A partir de este punto me empezó a recordar mucho a Star Wars.
Hay una profecía entre los Fremens, que son el pueblo que vive en Arrakis. Un día vendrá un súper ser que cambiará Arrakis para siempre, que será hijo de una Bene Gesserit. Éstas también lo saben, y esperan la llegada del tipo, pero como que no les copa que el pendejo sea uno de la familia Atreides. El ser en cuestión se llama Kwisatz Haderach.
Se parece mucho a la saga de George Lucas porque hay un elegido, que traerá paz, etcétera, que tendrá grandes poderes, y encima el vago tiene sueños premonitorios que lo tienen con los pelos de punta.
Y sí, parece que al final es el elegido. Pero resulta que el doctor los caga traicionando y los entrega, pero siguiendo al mismo tiempo una agenda personal: quiere vengarse de los Harkonnen por haber matado a su mujer, así que le pone una cápsula con veneno en la boca al duque y le dice que cuando lo lleven frente al Barón Vladimir Harkonnen, suelte el veneno (un gas) así lo caguen matando. Le sale mal, el duque anda drogado y envenena a otro, Harkonnen zafa.
Así que los Harkonnen recuperan Arrakis y Paul y su madre, Jessica, se escapan al desierto. Ahí se encuentran con los Fremens, quienes los adoptan después de una serie de pruebas.
A partir de este punto me empezó a recordar a Avatar.
Seres humanos van a un planeta en búsqueda de minerales, se encuentran con una población nativa, el héroe de la película decide aliarse con ellos, aprender sus costumbres, tomar su fisonomía, enamorarse de la hija del líder, aprender a montar un bicho porque así se ganará el honor, termina montándose al bicho más grande, los lidera en la guerra, se elige un nombre histórico. ¿De cuál película estoy hablando?
Ja, esta parte de la película es un resumen de Avatar. Terrible cuando tiene que mostrar su liderazgo montando uno de los gusanos gigantes de Arrakis (Que en realidad son un peligro, porque los atraen las vibraciones y se comen lo que encuentran: gente, harvesters, naves, etc.).
De ahí que desarrolla mucho sus poderes, tiene The Voice, que sirve para obligar a la gente a hacer cosas, sueña el futuro y puede saber si le mienten o no. Y además, cuenta con la tradicional arma de Atreides, un módulo que le permite descargar la energía de sus pensamientos en forma de un disparo o de una explosión (entre otros diversos y divertidos efectos). Enseñada esta técnica a los Fremens, se larga a la campaña de destruir por completo la producción de spice cosa que todo el universo dependa de ellos. Triunfan mucho, llega el emperador a ver qué pasa y le corta la cabeza al sobrino de Vladimir Harkonnen, Rabban, por la pésima administración. Vladimir llega, sin tener idea de todo lo que estaba pasando, porque Rabban nunca se había animado a contarle de su fracaso, y el emperador lo putea de arriba abajo. Le muestra al único rehén que tienen de los Fremens, y resulta ser la hermana menor de Paul, pendeja concebida la última noche que el duque estuvo con Jessica en Atreides. La nena les dice que el líder de los Fremens es Paul, que nunca murió, que es muy poderoso, jódanse.
Paul ataca con los Fremens, rompen todo a bordo de gusanos de centenares de metro de largo, capturan a los Harkonnen (Vladimir muere comido por un gusano) y al emperador. Después de una discusión medio moquera, el otro sobrino de Vladimir, Feyd, se enfrenta en un mano a mano con Paul.
Paul gana. Y se enoja tanto que grita y se rompe el piso. Ya no necesita el módulo para descargar sus pensamientos. Entonces, empieza a llover, y la nena dice que eso, en un mundo desértico, donde nunca ha llovido, es sólo posible porque él es el Kwisatz Haderach. Fin.
Algo que me encantó de la película en el primer momento fueron los escenarios. Siempre gigantes, siempre detallados, muy buenos. Algo que no me gustó, desde el principio, fueron muchas de las tomas, muy moqueras. Otra que la cagó muy temprano fueron algunos de los actores, que muuuuy de vez en cuando zafan un poco. Uno que me copa es Max Von Sydow, viejo choto, puede interpretar lo que se le venga en gana. Por ejemplo, hace poco lo vi en papel de un viejo ciego y decrépito, en decadencia aunque humilde, en la nueva Robin Hood de Ridley Scott. En Dune es el líder de los Fremens, habla de tecnología, maneja una nave. Nada que ver. Pero le sale.
En cambio, Patrick Stewart no. Aparece como un maestro de Paul, le enseña a combatir. Pero no hay diferencia entre éste personaje, el Profesor X y el capitán Picard de la Enterprise. Tal vez es la calva lo que confunde, pero no sé... No convence.
Como ya les dije, los efectos son pedorros. Ponela en blanco y negro y tranquilamente pasa por una de los años cincuenta. SÓLO a excepción de la parte de la pelea en que usan escudos, que son como unos prismas translúcidos que los protegen en combate. Eso es animación digital 3D.
Un aspecto extraño es el siguiente. ¿Vieron que en Star Wars, en Episode VI todos están en el palacio de Jabba, en Tatooine, planeta desértico, y los llevan para ejecutarlos lanzándolos al Sarlacc? Resulta que el tal Sarlacc es un bicho horrendo y gigante que, cuando se establece en un lugar, no se mueve más. Ahora. En la versión de 1983, vemos al Sarlacc como un pozo del que salen tentáculos y tiene como colmillos (MUCHOS) curvados hacia abajo, cosa de que si caés, no salís más. Pero, en la versión de 1997, le agregaron un hocico medio puntiagudo que sale del pozo ese.
Ahora: En 1984 aparece Dune. Tiene gusanos gigantes. Éstos son gusanos realmente, se arrastran por debajo de la tierra y todo eso. Pero… El hocico de los bichos es medio puntiagudo, pero en lugar de abrirse a la mitad (Sarlacc), se abre en tres partes. Y cuando se abre… ¿Qué descubrimos? MUCHOS colmillos doblados hacia adentro, cosa de que lo que entre, no salga más. Curioso.
Y si vieron Tremors, otro detalle. Tremors se trata de una localidad en el desierto de Estados Unidos que es asolada por unos gusanos gigantes que viajan debajo de la tierra (Oh coincidencia), y son atraídos por las vibraciones (¿Qué onda?). Si mal no me acuerdo éstos también tienen un hocico tripartito. Corríjanme de ser erróneo este dato.
Algo que me gustó también fue la impresionante trama política, tan bien lograda, que parece real. A veces da la sensación de que en algún hecho histórico se basó. El emperador, las familias importantes, control de feudos, sociedades secretas, alianzas ocultas, traición, motivos personales, etcétera, etcétera. Y otra, que me encanta, es la mezcla de los elementos de fantasía y de ciencia ficción. Concretamente los viajes espaciales, la parafernalia militar futurista y otros detalles, junto con los poderes de las Bene Gesserit y el asunto pseudo religioso de la profecía. Hasta en un momento una de las Fremens dice:
- Milady… When one has lived with a profecy for so long... The moment of Revelation is a shock.
Básicamente es una religión que espera su Mesías. En el futuro. Con naves espaciales. Pichi. Star Wars tiene de eso también, pero transcurre en el pasado distante.
Y el desarrollo fantástico de los sueños que se van cumpliendo. En un momento, el pibe sueña con una cosa. Mucho, pero mucho después, pasa, tan sutilmente, que cuando el chabón dice "Uh, el sueño!" te copa. Y son varias cosas que se van cumpliendo una a una.
La música de Toto zafa más o menos. Es decir, está buena, pero a veces pasan de un score muy sinfónico, de orquesta, a algo muy rocker y guitarreado que choca en el contraste.
Me gustaría ver una remake actual, con buenos efectos, tal vez en dos partes y con otros actores. Levantaría muchísimo algo que de por sí ya está bueno.
Fue, me cansé de escribir.
UPDATE: Sí tiene una nueva versión, hay que verla. La novela, originalmente constaba de un volumen al que se le agregaron, bueno, cinco más. Yen el 2000 hicieron una versión de la primera historia (como ésta de 1984), pero en una miniserie. Y encima la continuaron con otra miniserie con otra de las partes de la historia.

Su peculiaridad es...
Que a cada rato se escucha lo que piensan los personajes, no importa cuál, protagonista, extra, enemigo, cualquiera. Que aparece Sting y... Bueno, es un pelmazo. Unas escenografías geniales.

El fotograma
Ése que ven ahí… Es Sting.


4 de julio de 2010

Dark City

Ficha
Título Original: Dark City
Magia de los traductores: Ciudad en tinieblas
Año: 1998
Director: Alex Proyas (The Crow, I, Robot)
Guión: Alex Proyas, Lem Dobbs, David S. Goyer.
Intérpretes: Rufus Sewell, Kiefer Sutherland, Jennifer Connelly, William Hurt
Música: Trevor Jones
Productores: Andrew Mason, Alex Proyas

Una sinopsis
Un tipo se despierta y no recuerda nada. Lo acusan de crímenes violentos y escapa, a medida que se ve envuelto en los misterios de una ciudad en la siempre es de noche, donde nadie es quien parece ser y donde las leyes físicas son dobladas por la voluntad.

Contada y opinada
Hace mucho que quería ver Dark City, principalmente porque había leído en Internet que resultaba ser previa a Matrix y sin embargo ambas conservaban tantas similitudes que ponían a la trilogía de los hermanos Wachowsky en una posición muy cercana al plagio. Y era de ciencia ficción. Tenía que verla.
Da la casualidad que empecé a comprar esta colección de películas del género, y me la encontré. Me gustó. Y sí, Matrix es un triste plagio.
(MEGA Spoiler Alert!) Básicamente se trata de una ciudad falsa, creada para mantener a sus habitantes en un engaño mientras son realizados diversos experimentos. Los habitantes viven sus vidas, tranquilos, resueltos, sin saber que, de momento en momento, la ciudad se apaga, y se realiza el proceso de sintonización, que consiste en derribar ciertos edificios, construir otros nuevos, y alterar las memorias de las personas que en ellos viven. Si bien tal tarea puede sonar de grandes proporciones, tendrían que saber que los artífices de dicha actividad son los extraños, una raza extraterrestre en extinción, con poderes telepáticos tan grandes, que son capaces de romper las leyes físicas y crear y moldear cosas a su antojo. Las memorias de las personas, sin embargo, las preparan como sustancias químicas que son inyectadas en los cerebros de los elegidos.
Cuando la ciudad se apaga todos sus habitantes se duermen. Pero hay algunos que se despiertan. Éstos son perseguidos porque recuerdan que no son quiénes sus memorias les dicen y buscan escapar (cosa jodida porque no hay salida de la ciudad). Resulta que el protagonista, John Murdoch (Rufus Sewell), no sólo se despierta, sino que posee los poderes que utilizan los extraños para construir la ciudad. Encima no se acuerda de nada, y lo poco que llega a recordar es todo una mentira creada en su “memoria previa” inventada por los extraños. Al principio un tipo trata de ayudarlo, el Dr. Paul Schreber (Kiefer Sutherland, que habla de tal manera que rompe las pelotas un poco “Yo traté… Pero… Él… Se escapó… Es… Peligroso”), también está su novia, preocupada porque John hace rato que no aparece (Jennifer Connelly) y el detective que sigue el caso de una serie de prostitutas asesinadas (William Hurt), caso del cual John Murdoch es el único sospechoso.
La peli termina con que los experimentos en realidad eran para hallar el alma humana y determinar si eso podía ayudar a la supervivencia de los extraños, así que tratan de inyectarle a John la memoria de los extraños y subsistir en su cuerpo, pero el Doc Schreber, que los ayudaba pero después se arrepiente, le inyecta a John una vida falsa en la que le ha enseñado a usar sus poderes. Así que John se copa, rompe todo, mata a los extraños y arregla la ciudad, que era una gigantesca nave flotando en el espacio. (Tristísima escena cuando el detective queda flotando en el vacío porque se rompe una pared, era un buen personaje)
Matrix, Matrix. Las similitudes, palabras más, palabras menos, son éstas:
1. Todo es una farsa. En Dark City, la ciudad es creada para engañar a los habitantes, en Matrix toda la realidad es un engaño.
2. La nave de los extraños se encuentra debajo de la ciudad, como Zyon debajo de la “superficie”.
3. Schreber llama a Murdoch al principio de la película para advertirle que van a ir a buscarlo, que se escape. Morfeo se aviva y hace lo mismo con Neo.
4. Los extraños, vestidos de negro y con sombrero, al ser los creadores de la ilusión, tienen ciertos podercitos que los ayudan a la hora de perseguir a los que se despertaron. Los Agentes, vestidos de traje y anteojos, al ser parte de Matrix, tienen ciertas capacidades que los ayudan a perseguir a los que se despertaron. Ambos casos involucran hechos que rompen las leyes físicas.
5. Murdoch se despierta para descubrir que toda su vida ha sido una mentira. Neo se despierta y, bueno, lo mismo. Pero ambos se “despiertan” realmente, la primera vez que aparecen están dormidos y Oh! Se despiertan. Y están solos.
6. Murdoch también tiene los podercitos, es el único que se despertó que puede, y nadie entiende por qué. Neo es muy poco original en ese aspecto, hace lo mismo.
6. En la Dark City, todos tienen que dormirse para que pasen las cosas. En Matrix están todos dormidos, y de vez en cuando se viene un Deja Vu que cambia la configuración. Incluso Cypher arregla con Smith para que cambien sus recuerdos y su vida.
7. Dark City tiene un estilo de color amarillento, verdoso. Matrix un estilo verde. Pero ambas tienen un estilo de color, una cosa muy característica.
8. Hay muchas tomas que son iguales. John en la cornisa de un edificio (Neo igual), John tocando con dos dedos un vidrio que se “liquidiza” (Neo igual), Schreber en una cabina telefónica solitaria y oscura (Trinity se copa), Los extraños saliendo de un ascensor (Los agentes también), etcétera.
9. Ya me acordaré de otras.
Para empezar, algunos de los actores se la bancan bastante bien. La que la caga, a mi parecer, es Jennifer Connelly, es enfermante ver como la cara le queda siempre tiesa, aunque tenga un cuchillo en el cuello. Rufus Sewell lo hace bien, W. Hurt es grosso y Kiefer zafa.
Hay una parte, muy genial, con Rufus, en la que trata de recordar su nombre. Todas las referencias que tiene son: J. Murdoch (bastante, diría). Así que ensaya frente a una vidriera recitando su apellido con variantes de nombres que empiezan con jota.
- Good evening, Mr Murdoch. – Se dice solo, caminando por una callejuela oscura. – Is Mr. Murdoch, in’t it? Mr. Jay Something Murdoch? J. Murdoch. – Se detiene y mira su reflejo. – What’s your name? Justin? Jerry? No... My name is Jason Murdoch. John Murdock. Jake Murdoch, how is it going? Hi, Jack Murdoch. Jajajajaja. – Entonces es que ve a un barrendero que lo había estado mirando. – Hi! – Le dice y se aleja, a la vez que se murmura: - Gotta get a grip on myself.
Pero la escena se hace genial cuando está en el depto de una puta y se revisa la billetera que le devolvieron en un lugar donde supuestamente la había olvidado. La chica le pregunta cómo se llama y justo él ve su licencia para conducir y comprueba que era John, al mismo tiempo que lo exclama con una sonrisa de “Casi, casi lo saco”. Bien por vos, Rufus.
Como las películas de este tipo, la gran mayoría de los elementos están explicados: el policía loco, el científico, los extraños, los dibujitos de espirales, por qué nadie recuerda nada, por qué todo se detiene, por qué no hay salida de la ciudad... Quedaría el asunto de las habilidades psicokinéticas, pero bueno... Son extraterrestres.
Y, como Matrix, gira en torno al mito platónico de la caverna. Todos viven un engaño, nada es lo que parece, ni siquiera tu memoria o el tiempo mismo. Desde ese punto parten las miles de connotaciones filosóficas. El elegido o iluminado, capaz de vencer las leyes físicas; el amor, que trasciende vidas y memorias; la ciencia, perversa y manipuladora; los dominadores que no quieren que llegués a la verdad; la búsqueda del destino y la verdad misma; el sentido cíclico de la vida.
Es muy genial porque todos viven en la Dark City, en la oscuridad, sin saber. Todo es sombras y misterio, muchas preguntas y ninguna respuesta, todos son títeres, todos están encadenados. Cuando Murdoch se da con la verdad, gira la nave para que encare la luz, y hace aparecer un lugar nuevo, Shell Beach, una playa que persigue durante toda la película, porque está en sus recuerdos pero nadie sabe cómo llegar. En esa parte la nave encara por fin al Sol (al que los extraños le tenían fobia), y llena el espacio alrededor de la nave con agua (fobia también), para salir a encontrarse con la verdad y la luz, el amor, y Shell Beach. Es el fucking iluminado.
Es en esa parte también que se reencuentra con la minita, que durante toda la movie es Emma, su esposa, que le metió los cuernos y por eso él se vuelve loco y mata trolas (aunque nada de eso pasó, es tan sólo otra memoria falsa), pero ahora es Anna (nueva memoria, nueva vida), una mina que cobra las entradas de un acuario. Los dos están en un muelle cercano a Shell Beach y se re nota que se copan y van a quedar juntos. Es decir, su amor trasciende la memoria cerebral, es una cuestión del alma.
Obviamente, el asunto del tiempo también tiene su significado. Aquí el tiempo se detiene y suceden los cambios, aunque en realidad, lo que se detiene es un reloj gigante y la ciudad. Ahí vemos un poco lo que es la abstracción del tiempo, y de cómo cada sintonización es una forma de reseteo de mentes y lugares, casi como una transmigración, donde las personas, que mantienen su fisonomía, pasan de vida en vida (las nuevas memorias), manteniendo sus elementos esenciales. Nuevamente, el alma.
Y es justamente el alma humana lo que buscan los extraños (a todo esto, son como unas arañas tentaculosas translúcidas horrendas, onda los espíritus de Final Fantasy The Spirits Within, dentro de los pálidos cuerpos que las contienen), y Rufus le dice muy acertadamente hacia el final a uno de los chabones éstos:
- You wanted to know what it was about us that made us human? You’re not gonna find it... – Dice, y se señala la frente. – ... in here. You were looking in the wrong place.
Dicho sea de paso, juegan también con la idea de los opuestos. Primero tenemos esto de los extraños, todos vestidos de negro, y el científico, aparentemente bueno, con un delantal muy blanco, él, siendo rubio, y otras escenas, por ejemplo, en las que está en el agua. Después tenemos un extraño que, para encontrar a John Murdoch, se inyecta la memoria esta en la que es un asesino, está shell beach, la metida de cuernos de Emma y todo eso. Pero se cree todo y se hace asesino y se vuelve loco. Al final en ese encuentro de "you were looking in the wrong place", nos damos cuenta de que el Murdoch extraño, malvado y oscuro, es el opuesto del Murdoch iluminado, con su nueva memoria, que es como una nueva vida donde lo sabe todo y ha dejado atrás al Murdoch asesino, persona que se le presenta en forma del extraño moribundo. En último lugar, claro, la ciudad en tinieblas y la ciudad en la luz.

Su peculiaridad es...
Ja, la magia de saber que es previa a Matrix y que es muy original en muchos aspectos. La manera de conducir de una idea a otra, cambiando a medida que transcurre la película el tema de la misma. Que tiene mucho sentido y un lindo estilo. Un final bárbaro. Copados personajes.

El fotograma (Spoiler Alert!)








La sonrisa de John al darse cuenta de que es todopoderoso. Hell yeah.

Para siempre...

El reflejo de Alicia la miró con una expresión que no pudo reconocer suya. Las mejillas, hundidas y pálidas, rodeaban un rostro igualmente alicaído y demacrado. “Pero soy yo”, pensó. Su siguiente pensamiento fue sobre sus amigos. No quería que notaran su estado, y casi por reflejo miró la pequeña cajita en la que guardaba sus cosméticos. Siempre podría construir una nueva máscara, sobre la que ya portaba. Siempre una nueva ficción, un nuevo simulacro. Uno tras otro. Al final no podía reconocerse, nunca más podría ser ella.
Y en ese momento escuchó un suspiro. Automáticamente se estremeció, sintiendo como de a poco se le erizaba la piel. No quiso voltearse.
- Soy yo. – Le dijo una voz sumamente familiar. Alicia sintió su corazón detenerse. El espanto le heló la piel, la carne debajo de ésta y los huesos subyacentes. De pronto se sintió una estatua y no supo cómo volver a su estado original. – Mirame, por favor. – Le suplicó la voz. La calma que transmitía era por igual inquietante. Alicia abrió la boca para responder.
- ¿Por qué volvés? Máximo… - Dijo, temblando. Le había costado mucho dirigirse a él, y ahora lo hacía con una vocecita trémula. – Andate, por favor. Dejame tranquila.
Máximo echó una ojeada a la habitación. Allí, sola, se encontraba Alicia, mirando fijamente el espejo. No podía ver su rostro, ni siquiera en el reflejo. Pero podía imaginarlo, con los ojos celestes paralizados en estado de conmoción, y los rizos rubios intentando ocultar los indicios del sufrimiento que se había apoderado de su vida. Y, aunque lo intentó, no pudo recordarla con una sonrisa. Más allá, la cama, toda deshecha y con las sábanas sin cambiar por meses. Con sorpresa, notó una mancha descolorida en la alfombra.
- Nos quedaron asuntos, Alicia. Nunca me escuchaste. – Respondió Máximo con tranquilidad, plantado firme bajo el dintel. – Dame una oportunidad. – Alicia se irguió en su postura y una franja de su rostro apareció en el reflejo. Uno de sus ojos lo miró con renovada furia. Al mismo tiempo, allá, en el espejo, Alicia podía ver a su anterior pareja en su puerta. “Parado como un estúpido, descarado”, pensó. Nuevamente, maldijo haber copiado aquellas llaves.
- ¡Te di todas las oportunidades! – Gritó, antes de volverse velozmente. - ¡¡Todas!! – La última palabra la pronunció vociferando, soltando la primera sílaba con ira y el resto de la palabra en una exhalación. Pero Máximo entendió perfectamente. Cuando sus ojos se encontraron, Máximo agachó la cabeza. Alicia, en cambio, se mostraba cada vez más imponente. - ¡Te vas de mi casa! – Dijo, enojada. - ¡Ya!
Máximo se fue. Entre los sollozos, Alicia no pudo escuchar el sonido de la puerta. Nuevamente se había olvidado de pedirle las llaves.

Esa noche, Alicia construyó una nueva máscara.
Empezó practicando su sonrisa. La notó deforme, fingida. Pero no se rindió. En cada intento le parecía más viva, más real. Y tenía que ser así, tenía que parecer. Sus ojos, con cada contracción, se hacían más pequeños y pícaros. Y, de alguna manera, logró conseguir que brillaran. Por último, revisó el control sobre sus cejas. Arqueadas y felices. Finalmente se maquilló.
Cuando depositó la almohadilla en su estuche, el teléfono sonó en la habitación contigua. El suyo estaba desconectado y diseminado en trozos frente a una pared, al igual que su celular. Cerca de los restos, la mancha descolorida. El teléfono sonó.
Alicia se apresuró a ir a responder, temiendo tontamente encontrar a Máximo tras el portal, esperándola en el pasillo todavía con algún lamento falso. Al dar el paso hacia el pasillo se detuvo para buscar a su ex pareja con la mirada. Máximo no estaba allí. El teléfono seguía sonando. Alicia dio cuatro pasos muy veloces y de pronto tuvo el teléfono en su palma.
- ¿Hola?
- Hola, Ali. – La voz de Máximo sonó del otro lado, distorsionada por un leve sonido de estática. Pero, además, sonaba distinta. No supo bien por qué, pero no le cortó. Alicia dejó que hablara. – Lo pensé mejor y… Tenés razón.
Alicia sintió su cuerpo soltarse y desprenderse.
- Tenés razón, me diste todas las oportunidades. Y yo… - Dijo, e hizo una pausa. Alicia sabía lo que iba a decir. Estaba segura de lo que iba a oír de la boca de aquel traidor, de aquel manipulador, de aquel monstruo. – Yo te jodí. Me metí con aquella otra mina y lo disfruté tanto que no me merezco tu perdón. Pero… ¿Sabes qué?
Alicia escuchó la pregunta, pero no respondió. Nuevamente sabía qué iba a decirle. Y estaba odiándolo antes de escucharlo. Despreciándolo.
- No quiero tu perdón. Estoy bárbaro. A veces me sale el debilucho, ¿Sabés? Y me dejo llevar porque tengo tus llaves. Pero haberme ido con esa otra mina fue lo mejor que…
- ¡Callate! ¡¡¡Callate!!! – Exclamó Alicia, todavía incapaz de colgar el teléfono. – Todo esto lo decís por teléfono, cobarde. Cara a cara sos un nadie, un invisible. Te odio. ¡Te odio tanto!
- No, Alicia. Me amás. – Le respondió, y Alicia se desintegró ante la aplastante realidad de aquellas palabras. Toda su fortaleza descendió junto con su mano que, como un peso muerto, depositó el tubo del teléfono sobre el aparato. El grito de su cabeza se convirtió en el silencio de la habitación.

El regreso a su habitación fue lento y tortuoso. Arrastraba sus pies como dos rocas enormes, unidas a su torso por dos gruesas cadenas de carne y metal oxidado. La noche, muda y protagonista, se colaba por la ventana, posándose sobre cada una de las partes de la habitación. La cama, deshecha. El espejo, un agujero en la pared. El teléfono, destrozado. La mancha, la mancha, la mancha descolorida sobre la alfombra.
Disgustada, se tiró en la cama, sobre las sábanas húmedas por el sudor y las lágrimas, sucias hasta un nivel sólo soportable por su persona denigrada. El olor de su propio cuerpo, diseminado por su habitación en forma de huellas y pequeños roces, se había vuelto parte del ambiente. Ahora, sobre la cama, contemplaba la noche girar por la ventana. Hasta que notó la presencia de Máximo. De pie, frente a la cama, mirándola fijamente.
- Por Dios. – Dijo, en un susurro. - ¿Cómo…? ¿Cómo vas a entrar así? – Entonces se acordó. – Dame las llaves, Máximo, y andate.
- Primero escuchame… Oíme, por favor. Después te doy las llaves y salgo de tu vida, para siempre. – Dijo, poniendo un especial énfasis en las dos últimas palabras, que quedaron flotando sobre Alicia. Para siempre.
- ¿Qué querés que oiga? – Preguntó, poniéndose de pie, y dirigiéndose hacia el mueble del espejo. - ¿Lo que me dijiste por teléfono? No. Nunca más. – Con horror, Máximo la contempló mientras abría un cajón e introducía su enflaquecida mano en el interior. Alicia tanteó hasta sentir el frío contacto de su revólver.
- Tranquilizate Alicia. – Dijo. - Yo no te llamé por teléfono. – Alicia soltó su arma y miró a Máximo con ojos furibundos. La mirada de éste bajó al suelo para encontrarse nuevamente con la mancha. Cerca de la mancha, un brillo metálico.
Alicia estuvo a punto de responder, cuando escuchó el teléfono sonar. Máximo la miró, con una expresión que Alicia no pudo descifrar. El teléfono gritaba desde la otra habitación. Gritaba, gritaba.
Máximo salió de la habitación y Alicia lo escuchó bajar las escaleras. El teléfono parecía a punto de explotar. Su timbre sonaba constante y monótonamente. Alicia dejó el cajón: el revólver y su ira dentro. Sus piernas se movieron con celeridad. Ahora sus manos sostenían el tubo del teléfono con firmeza.
Un segundo después la distorsionada voz de Máximo le decía “Me amás, y yo estoy con otra”, para después reírse.
Y Alicia rompió otro teléfono contra la pared.

La noche pasó, en silencio y llanto.
La luz del sol, algo opacada por las nubes, se coló por la ventana, haciendo un patético intento por iluminar una escena intrínsecamente oscura. El cuerpo de Alicia, cual cadáver, yacía sobre la cama, desnuda y totalmente resignada. Todos sus músculos parecían haber perdido firmeza, como si fuesen simples trapos aferrados a la débil estructura de su esqueleto. Todas sus ropas, insoportables, habían ido a parar a distintos rincones del cuarto. Su rostro padecía un dolor eterno, oculto bajo los cabellos mugrientos y enredados.
Y, aunque al principio no quiso creerlo, notó que Máximo había vuelto. No lo miró, tal fue su intento de ignorar la presencia que se había hecho innegable. Lentamente, fingiendo naturalidad, se volvió, dándole la espalda y cubriéndose una desnudez que ya no podía regalarle. Porque él ya no tenía derecho. Y porque su desnudez se había vuelto un espectáculo deprimente y grotesco. La sábana, asquerosa, la envolvió parcialmente, dejando al descubierto su huesuda y encorvada espalda.
- ¿Cómo…? ¿Cómo hago para que no vuelvas...? – Dijo, casi imperceptiblemente. - ¡Hijo de puta! – Exclamó de pronto. Máximo, aparentemente impávido, no pudo evitar estremecerse. Pero Alicia no se volvió. Se acurrucó un poquito más, haciéndose un pequeño nudo en el centro de su cama.
- Escuchame. Te digo esto… Y me voy. Te lo juro. – Alicia no le respondió. Máximo entendió que se había resignado. El panorama, un momento paralizado en el tiempo, mostraba la terrible realidad que envolvía la vida de aquella mujer. El espejo, los restos del teléfono, la cama, la mancha en el piso, el pequeño objeto metálico, Alicia. Muerta, pero viva.
- Vos nunca me diste una oportunidad. – Prosiguió, rogando que ella se lo permitiera. – Y quiero explicarme. Yo nunca te llamé por teléfono. Y no tengo tus llaves, como pensás. Necesitás ayuda, esa persona que te llama por teléfono no existe. – Envalentonado por la tácita permisión, continuó, velozmente. – Creaste un Máximo malo, es todo un producto de tu mente.
Alicia se había parado. En su muda sorpresa, Máximo la vio dirigirse al mueble y extraer rápidamente el revólver. Y, aunque no apuntó con el arma, lo hizo con su ira, a través de su mirada. Sus labios, paralizados, se movieron. Inmóviles, hablaron.
- Andate. Andate. Ya… O si no… - Amenazó, presionando cada vez más firmemente su revólver. – Te voy a matar. Andate, andate, ¡Andate!
La mirada de Máximo se contorsionó en una mueca de ternura y cariño, aunque todavía con un dejo de tristeza. “¿Cómo puede ser así?”, se preguntó Alicia. “¿Cómo puede pretender dulzura después de ser tan inhumano por teléfono?”
- Alicia. – Dijo, y se atrevió a dar un paso. Alicia lo miró acercarse de a poco. Máximo se aproximó a ella, cada vez más, trayendo con él un aura que Alicia no había sentido hace mucho tiempo. El aura de su amor, una energía que tenía el poder para lograr de ella lo que quisiera. Entonces se dio cuenta de que por eso lo mantenía alejado, siempre. Cuando terminó de pensar aquellas cosas, descubrió que se había sentado en la cama y que Máximo buscaba algo en el suelo.
- ¿Sabés que es esto? – Le dijo, mostrándole un pequeño objeto metálico que había alzado. Alicia lo miró. Era un pequeño cilindro dorado, broncíneo, cerrado por un lado y abierto por el otro. En su interior, una oscuridad que salía por el borde en manchas irregulares. Le costó un poco, pero lo reconoció. – No puedo irme, porque nunca me dejaste explicar nada, nunca terminamos ese asunto. No puedo irme, porque me mataste.
Alicia se puso más pálida de lo que jamás había estado. Sus ojos se movieron lentamente hacia el suelo, hacia la mancha descolorida. Entonces pudo recordar el cuerpo de Máximo, tendido ahí, con una mancha de sangre bajo su cabeza. Luego se recordó a sí misma deshaciéndose del cuerpo, limpiando la mancha con mucha intensidad. Se recordó guardando el arma en el cajón y olvidando el casquillo de la bala en el suelo. ¿Cuánto tiempo había transcurrido desde entonces? ¿Días? ¿Horas?
- Ali… Al verme con esa persona… Construiste un Máximo traidor, un Máximo basado en tus celos. Y fue tan terrible, que incluso me imaginaste llamándote por teléfono para echarte en cara lo bien que estaba, lo poca cosa que eras. Cuando no pudiste más, y me viste entrar aquí, con tus llaves, me mataste. Me mataste sin permitirme explicarme, nunca me lo permitiste.
Alicia sentía que todas las partes de su ser, de su vida, se caían rápidamente y se destrozaban en miles de pedazos, como el teléfono contra la pared, como la cabeza de Máximo, como su amor. Entre sus dedos, el revolver carecía de una bala.
- No hace falta que te diga quién era ella, tampoco puedo imaginar que creíste ver, pero… Te amo, no te culpo y quiero que superes esto para poder vivir tranquila. – Máximo finalizó, esperando alguna respuesta. Alicia se estremeció.
- ¿Lo oís? – Dijo, dejando caer el revólver. Máximo no comprendió.
- ¿Qué cosa, Alicia?
- Es el teléfono. – Máximo la miró. Alrededor de sus ojos aparecieron sendas lágrimas.
- Alicia, rompiste todos tus teléfonos, nada está sonando. – Suplicó. Si pudiese, la aferraría, la abrazaría.
- Tengo que atender. – Dijo, y se puso de pie. Rápidamente, desnuda como estaba, se aproximó a la pared y se sentó contra la misma, sosteniendo entre sus manos un teléfono invisible.
- Hola, ¿Máximo? – Dijo. Máximo la miró con profunda impotencia y dolor. Lentamente se puso de pie. – Hola amor… ¿Cómo estás? ¿Querés que nos veamos hoy?
Máximo se retiró de la habitación, sin dejar de mirarla. Su pequeña figura, huesuda y pálida, contorsionada sobre un aparato inexistente, continuaba hablando con un Máximo imaginario, intangible. Mucho más intangible de lo que él mismo era. En ese momento comprendió que no había vuelta atrás, que Alicia había caído en un estado irreversible. Y se fue, dejando la habitación y cumpliendo. Ahora la dejaría para siempre.
- Sí. Te amo. – Dijo Alicia, y colgó. Nuevamente había una sonrisa en su rostro.