Si señores, parece que C2, la empresa propietaria de los derechos de Terminator (el robot que está bajo la piel del gobernador de California), se largó a hacer una serie.
La trama está ubicada entre las Terminator 2 y la 3, y relata las "aventuras" de Sarah y John Connor, mientras viajan en el tiempo, escapan de los terminators y los ayuda una terminator. Sí, dije "una" terminator, porque es chica. Copado, no?
Tengo un trailer, miren:
Y además, pueden ver, pero esta vez bajo su responsabilidad, tres clips del piloto de la serie. Para los inadaptados (como yo), Sarah Connor es interpretada por la que interpreta a la esposa de Leónidas en 300, John Connor por el mismo que hace de Zach en Heroes y la chica Terminator... No sé.
Pero Arnold no aparece ni un poquito. Supongo que su vida política le consumirá la de máquina asesina, no sé.
Y? Qué opinan?
15 de julio de 2007
11 de abril de 2007
Gran Hermano... ¡Nunca más!
No puedo negar mi asistencia diaria frente a la pantalla del televisor. Algunas veces se dará para ver alguna película, otras alguna serie, algún dibujo animado, algún programa.
Tampoco puedo contrariar a quien diga que algunos de esas transmisiones televisivas son de mi profundo agrado.
En cambio, si hay algo que puedo desmentir, es la afirmación que diga que no puedo vivir sin la televisión o sin algunos de los productos que me brinda.
La verdad es que si veo televisión es porque no tengo nada mejor para hacer.
Y si nos ponemos a pensar, si las personas no dependieran tanto de la televisión, la sociedad sería radicalmente distinta. Tendríamos alumnos más aplicados, trabajadores más concentrados y demás ocupaciones mejor ocupadas. Luego habría que vencer las otras adicciones, quizás más peligrosas y fuertes que ésta de la que hablo. Y luego habría que difundir otros medios más “formadores”, como la lectura, el estudio, etc.
¿Qué pasa con la televisión?
La televisión es la madre de los medios de comunicación masivos. Sabemos, claro, que la radio había aparecido antes, pero, según la actual definición de MCM (medios de comunicación masiva), la televisión es la que se lleva los laureles.
La televisión tiende a ser un gran moldeador de cerebros. Por lo general, las personas que ven tal o cual programa, terminan por adquirir las frases, actitudes o vestimenta que allí se presentan.
Actualmente, en la televisión argentina, hay un fenómeno que contagia hasta a los más bajos niveles de la sociedad, inunda a los más altos, y se apodera de los medios. Recordando el título de este post seguro que saben a qué me refiero. Si, si, si... Empieza con “Gran”, y termina con “Bochorno”.
Estoy hablando de Gran Hermano, señoras y señores, el reality show que llegó por cuarta vez, amenazando y cumpliendo sus amenazas. Sus amenazas son las de poca cultura, poca cultura, y menos cultura. La estafa televisiva más grande de todos los tiempos.
¿Qué vemos en Gran Hermano? Vemos gente común, viviendo una vida triste, aburrida y monótona, casi programada por la producción de ese reality show. Vemos gente durmiendo, tomando un mate. Discutiendo, acariciándose, amándose. Vemos gente.
Y nos olvidamos de nuestra vida, la real. Nos olvidamos de tomar nosotros el mate, de dormir, de acariciarnos, de amarnos. Dejamos de ser gente y nos convertimos en espectadores.
Nos convertimos en incondicionales zombies de la caja mágica, despertando cada mañana con los habitantes de la tan sublime casa frente a nuestros ojos, de la misma manera que nos dormimos, contemplándolos risueños en la madrugada o frenéticos en una fiesta.
Vi Gran Hermano. Veo Gran hermano. Pero si me preguntan, yo sí puedo vivir sin ellos. Puedo cambiar de canal y listo. Puedo ir a leer un libro, a escribir o dibujar algo. Puedo ir a charlar con un amigo o a abrazarme con mi novia. Puedo ir a dormir, mirar las estrellas o escuchar el viento. Puedo vivir, y no ver la vida de los demás.
La verdadera pregunta que hay que hacer, lectores de todas las razas, géneros y edades, va dirigida a los fanáticos vacíos de este programa del que tanto hablo.
La pregunta es... ¿Qué van a hacer cuando termine Gran Hermano?
Por el amor de Dios, ¿Qué van a hacer?
Tampoco puedo contrariar a quien diga que algunos de esas transmisiones televisivas son de mi profundo agrado.
En cambio, si hay algo que puedo desmentir, es la afirmación que diga que no puedo vivir sin la televisión o sin algunos de los productos que me brinda.
La verdad es que si veo televisión es porque no tengo nada mejor para hacer.
Y si nos ponemos a pensar, si las personas no dependieran tanto de la televisión, la sociedad sería radicalmente distinta. Tendríamos alumnos más aplicados, trabajadores más concentrados y demás ocupaciones mejor ocupadas. Luego habría que vencer las otras adicciones, quizás más peligrosas y fuertes que ésta de la que hablo. Y luego habría que difundir otros medios más “formadores”, como la lectura, el estudio, etc.
¿Qué pasa con la televisión?
La televisión es la madre de los medios de comunicación masivos. Sabemos, claro, que la radio había aparecido antes, pero, según la actual definición de MCM (medios de comunicación masiva), la televisión es la que se lleva los laureles.
La televisión tiende a ser un gran moldeador de cerebros. Por lo general, las personas que ven tal o cual programa, terminan por adquirir las frases, actitudes o vestimenta que allí se presentan.
Actualmente, en la televisión argentina, hay un fenómeno que contagia hasta a los más bajos niveles de la sociedad, inunda a los más altos, y se apodera de los medios. Recordando el título de este post seguro que saben a qué me refiero. Si, si, si... Empieza con “Gran”, y termina con “Bochorno”.
Estoy hablando de Gran Hermano, señoras y señores, el reality show que llegó por cuarta vez, amenazando y cumpliendo sus amenazas. Sus amenazas son las de poca cultura, poca cultura, y menos cultura. La estafa televisiva más grande de todos los tiempos.
¿Qué vemos en Gran Hermano? Vemos gente común, viviendo una vida triste, aburrida y monótona, casi programada por la producción de ese reality show. Vemos gente durmiendo, tomando un mate. Discutiendo, acariciándose, amándose. Vemos gente.
Y nos olvidamos de nuestra vida, la real. Nos olvidamos de tomar nosotros el mate, de dormir, de acariciarnos, de amarnos. Dejamos de ser gente y nos convertimos en espectadores.
Nos convertimos en incondicionales zombies de la caja mágica, despertando cada mañana con los habitantes de la tan sublime casa frente a nuestros ojos, de la misma manera que nos dormimos, contemplándolos risueños en la madrugada o frenéticos en una fiesta.
Vi Gran Hermano. Veo Gran hermano. Pero si me preguntan, yo sí puedo vivir sin ellos. Puedo cambiar de canal y listo. Puedo ir a leer un libro, a escribir o dibujar algo. Puedo ir a charlar con un amigo o a abrazarme con mi novia. Puedo ir a dormir, mirar las estrellas o escuchar el viento. Puedo vivir, y no ver la vida de los demás.
La verdadera pregunta que hay que hacer, lectores de todas las razas, géneros y edades, va dirigida a los fanáticos vacíos de este programa del que tanto hablo.
La pregunta es... ¿Qué van a hacer cuando termine Gran Hermano?
Por el amor de Dios, ¿Qué van a hacer?
Entre
Opiniones
Aventuras en los siete mares (A blog's tale)
Este es el proyecto que trabaje un tiempo, y que mencione en un mensaje.
Es en realidad una metafora de mis amigos y yo, y la videa que me rodea. Espero que les guste.
Introito
Érase una vez la historia del disparatado grupo de bribones compuesto por Marious el juglar, Santorio el demente, Wally el errante, Leónidas el religioso y Giulious sin sobrenombre.
Las hazañas de estos héroes eran mencionadas en todas las esquinas del ancho mun-do, sin haber una sola persona que no haya oído de ellos. O al menos eso era lo que ellos creían. Aventuras repletas de aventura, epopeyas muy épicas, travesías atravesadas y demás demases.
Se hacían llamar Los Aventurados, hombres sin miedo y con muchas agallas, sin pre-juicios y con mucho encanto. Dueños de mujeres, dinero y placer. Señores de grandes terri-torios y dueños de inmensos ejércitos. O al menos así decían serlo.
Lo cierto es que Los Aventurados no tenían miedo a salir dolorosamente heridos de una odisea que les prometiera diversión y mucha, pero mucha aventura. Tal era su premisa, por lo general recitada por El Demente Santorio:
“Donde halla aventuras, allí estaremos, porque somos Los Aventureros”
El problema era que siempre equivocaba el nombre de su grupo, acertando uno muy parecido. Pero de una manera u otra, esta frase abreviaba de manera casi exacta la actitud eufórica de esta extraña agrupación.
Capítulo I
“De las mujeres, los siete mares, y la cerveza, o, como lo dijo Santorio, cómo arruinar la vida de un amigo y compañero”
La primera aventura de este grupo de truhanes se centra en la desacertada vida de Marious, el juglar. Marious era un avezado intérprete de laúd, incluso a veces calificado como el más pervertido de los cinco.
Marious se dedicaba a una vida de bajos instintos y pueriles actividades, de las cuales obtenía su mejor provecho y diversión. Santorio y Leónidas demostraron su discrepancia, descartando tales actividades y tachándolas de viles y esquivas. Pero a pesar del desapruebo de sus amigos, Marious continuó siempre con su ir y venir cotidiano, visitando tugurios repletos de escoria y lujuria.
Marious conocía cada uno de los locales y posadas del bajo mundo de todas las ciu-dades que había visitado. Era conocido por todos los camareros e incluso esperado con an-sias, debido a los ingresos monetarios que producía la visita del atrevido hombre.
Cuenta la historia, tantas veces relatada de boca en boca, por las más ancianas seño-ras, y por las más jóvenes niñas, que el juglar había atentado de manera oscura y peligrosa con la estabilidad anímica y amorosa del grupo de aventureros.
En una de sus inenarrables cruzadas, Los Aventurados se habían cruzado con el bu-que mercante “Great Charlie”, propiedad de un amanerado comerciante. Los Aventurados, como era de esperar, habían abordado aquel pacífico bote con la vil intención de apropiarse de sus riquezas. De una u otra manera acabaron en las celdas de la bodega.
El comerciante, bondadoso y gentil, tan sólo los mantuvo allí hasta llegar a tierra fir-me, donde los entregó a las autoridades, despojándolos de su barco y demás pertenencias.
Durante el largo camino a tierra, estos desvergonzados muchachos conocieron a las hijas del comerciante, bellas señoritas extrovertidas y gentiles, que terminaron por gustar-les. De la menor a la mayor, éstas eran Paula la disparatada, Lola la menor, Rosalinda la pequeña, Laureana la iluminada y Lola la mayor.
Si bien entre todos se hicieron amigos, hubo tres importantes acercamientos. Leóni-das parecía gustar de Rosalinda, Marious de Lola la mayor, y Wally sentía afinidad con Lola la menor. Cabe aclarar las diferencias entre estas dos mujeres, las Lolas. Lola la mayor era una mujer menuda, de rizos color azabache, piel morena y una mirada cautivante. Lola la menor era un poco más alta, de piel más clara, y un cabello castaño.
Como decía la historia, Leónidas llegó a enamorarse de Rosalinda, entregándole tanto su cuerpo como su alma. La conclusión de tan romántica historia fue quizás absurda. Rosa-linda no parecía valorar los gestos de su amante, y casi siempre se mostraba confundida.
Al mismo tiempo pasaba lo mismo con Lola la mayor y Marious. La diferencia qui-zás estaba en que, aunque ella sí estaba confundida, era Marious quien no la valoraba, y viceversa. Leónidas y Marious terminaron con sus respectivos amoríos, cuyos encuentros se daban siempre dentro de las celdas.
Por otra parte, Wally el errante nunca llegó a acercarse demasiado a Lola la menor, tal vez debido a su personalidad fría y cerrada. Sin embargo, solía mirar de reojo a Rosalin-da, espiarla, admirarla con los ojos brillantes.
Sucedió una vez que él y Rosalinda sí se acercaron, demostrándose el amor mutuo. Pero a la muchacha su indecisión pareció jugarle otra vez en contra, alejándola de Wally, y acercándola a Marious.
Y esta es la parte que las ancianas cuentan con más entusiasmo.
Marious solía ser un hombre egoísta, poniéndose a él ante que a los demás. En esa ocasión así había sido, dejando de lado los sentimientos de su amigo para acercarse a la bella muchacha.
Tal acción había provocado la primera gran fisura en el grupo. Mientras que Leónidas y Santorio apoyaban a Wally, Giulious se mantenía con Marious. Las chicas, indiferentes.
Wally comenzó a ignorarlo, y Marious comenzó a sentir culpa. Sabía que había obra-do mal, pero no quería resarcir lo dañado.
Y esa era la parte que las ancianas cuentan con más entusiasmo.
A la larga el grupo solucionó el problema, comprendiendo a ambos bribones, así co-mo a la confundida mente de la pequeña. Sin embargo Marious continuó con sus activida-des, demostrando cada vez más que su situación era inrrescatable.
Al llegar a tierra firme el grupo burló una vez más a las autoridades y huyó como ra-tas entre la maleza, olvidando a las muchachas, a su barco y sus demás pertenencias.
Como siempre, Los Aventurados lograron salirse con la suya, aprendiendo esta vez una gran lección, que quizás nunca olviden. Y esa lección era que no valía la pena cambiar la amistad de un compañero por una mujer.
Y, sin ir más lejos, allí es donde termina la primera historia de Los Aventurados, sin penas, ni glorias.
Epílogo
Uno de los niños, perplejo, se acercó a la anciana y le preguntó “¿Esa es la miserable historia que tenías para contar, vieja?”. La anciana se volvió hacia él bajo sus ropajes, mostrando consternación, mientras decía “¿Es que no has aprendido la lección?”, a lo que el niño respondió “Te pagamos por la historia y no lo ha valido, así que mejor devuelve las monedas.”. La mujer comenzó a reír de manera macabra, asustando a los pequeñines y llamando la atención de la gente. “¡AJÁ!”, exclamó, quitándose los ropajes de pronto, revelando a un muy reconocible Santorio bajo ellos, y saliendo a los trotes por la callejuela.
Una vez lejos, gritó hacia la muchedumbre “¡¡Porque donde haya aventura, allí esta-rán Los Aventuristas!!”
Luego se adentró a un callejón con expresión confundida.
Es en realidad una metafora de mis amigos y yo, y la videa que me rodea. Espero que les guste.
Introito
Érase una vez la historia del disparatado grupo de bribones compuesto por Marious el juglar, Santorio el demente, Wally el errante, Leónidas el religioso y Giulious sin sobrenombre.
Las hazañas de estos héroes eran mencionadas en todas las esquinas del ancho mun-do, sin haber una sola persona que no haya oído de ellos. O al menos eso era lo que ellos creían. Aventuras repletas de aventura, epopeyas muy épicas, travesías atravesadas y demás demases.
Se hacían llamar Los Aventurados, hombres sin miedo y con muchas agallas, sin pre-juicios y con mucho encanto. Dueños de mujeres, dinero y placer. Señores de grandes terri-torios y dueños de inmensos ejércitos. O al menos así decían serlo.
Lo cierto es que Los Aventurados no tenían miedo a salir dolorosamente heridos de una odisea que les prometiera diversión y mucha, pero mucha aventura. Tal era su premisa, por lo general recitada por El Demente Santorio:
“Donde halla aventuras, allí estaremos, porque somos Los Aventureros”
El problema era que siempre equivocaba el nombre de su grupo, acertando uno muy parecido. Pero de una manera u otra, esta frase abreviaba de manera casi exacta la actitud eufórica de esta extraña agrupación.
Capítulo I
“De las mujeres, los siete mares, y la cerveza, o, como lo dijo Santorio, cómo arruinar la vida de un amigo y compañero”
La primera aventura de este grupo de truhanes se centra en la desacertada vida de Marious, el juglar. Marious era un avezado intérprete de laúd, incluso a veces calificado como el más pervertido de los cinco.
Marious se dedicaba a una vida de bajos instintos y pueriles actividades, de las cuales obtenía su mejor provecho y diversión. Santorio y Leónidas demostraron su discrepancia, descartando tales actividades y tachándolas de viles y esquivas. Pero a pesar del desapruebo de sus amigos, Marious continuó siempre con su ir y venir cotidiano, visitando tugurios repletos de escoria y lujuria.
Marious conocía cada uno de los locales y posadas del bajo mundo de todas las ciu-dades que había visitado. Era conocido por todos los camareros e incluso esperado con an-sias, debido a los ingresos monetarios que producía la visita del atrevido hombre.
Cuenta la historia, tantas veces relatada de boca en boca, por las más ancianas seño-ras, y por las más jóvenes niñas, que el juglar había atentado de manera oscura y peligrosa con la estabilidad anímica y amorosa del grupo de aventureros.
En una de sus inenarrables cruzadas, Los Aventurados se habían cruzado con el bu-que mercante “Great Charlie”, propiedad de un amanerado comerciante. Los Aventurados, como era de esperar, habían abordado aquel pacífico bote con la vil intención de apropiarse de sus riquezas. De una u otra manera acabaron en las celdas de la bodega.
El comerciante, bondadoso y gentil, tan sólo los mantuvo allí hasta llegar a tierra fir-me, donde los entregó a las autoridades, despojándolos de su barco y demás pertenencias.
Durante el largo camino a tierra, estos desvergonzados muchachos conocieron a las hijas del comerciante, bellas señoritas extrovertidas y gentiles, que terminaron por gustar-les. De la menor a la mayor, éstas eran Paula la disparatada, Lola la menor, Rosalinda la pequeña, Laureana la iluminada y Lola la mayor.
Si bien entre todos se hicieron amigos, hubo tres importantes acercamientos. Leóni-das parecía gustar de Rosalinda, Marious de Lola la mayor, y Wally sentía afinidad con Lola la menor. Cabe aclarar las diferencias entre estas dos mujeres, las Lolas. Lola la mayor era una mujer menuda, de rizos color azabache, piel morena y una mirada cautivante. Lola la menor era un poco más alta, de piel más clara, y un cabello castaño.
Como decía la historia, Leónidas llegó a enamorarse de Rosalinda, entregándole tanto su cuerpo como su alma. La conclusión de tan romántica historia fue quizás absurda. Rosa-linda no parecía valorar los gestos de su amante, y casi siempre se mostraba confundida.
Al mismo tiempo pasaba lo mismo con Lola la mayor y Marious. La diferencia qui-zás estaba en que, aunque ella sí estaba confundida, era Marious quien no la valoraba, y viceversa. Leónidas y Marious terminaron con sus respectivos amoríos, cuyos encuentros se daban siempre dentro de las celdas.
Por otra parte, Wally el errante nunca llegó a acercarse demasiado a Lola la menor, tal vez debido a su personalidad fría y cerrada. Sin embargo, solía mirar de reojo a Rosalin-da, espiarla, admirarla con los ojos brillantes.
Sucedió una vez que él y Rosalinda sí se acercaron, demostrándose el amor mutuo. Pero a la muchacha su indecisión pareció jugarle otra vez en contra, alejándola de Wally, y acercándola a Marious.
Y esta es la parte que las ancianas cuentan con más entusiasmo.
Marious solía ser un hombre egoísta, poniéndose a él ante que a los demás. En esa ocasión así había sido, dejando de lado los sentimientos de su amigo para acercarse a la bella muchacha.
Tal acción había provocado la primera gran fisura en el grupo. Mientras que Leónidas y Santorio apoyaban a Wally, Giulious se mantenía con Marious. Las chicas, indiferentes.
Wally comenzó a ignorarlo, y Marious comenzó a sentir culpa. Sabía que había obra-do mal, pero no quería resarcir lo dañado.
Y esa era la parte que las ancianas cuentan con más entusiasmo.
A la larga el grupo solucionó el problema, comprendiendo a ambos bribones, así co-mo a la confundida mente de la pequeña. Sin embargo Marious continuó con sus activida-des, demostrando cada vez más que su situación era inrrescatable.
Al llegar a tierra firme el grupo burló una vez más a las autoridades y huyó como ra-tas entre la maleza, olvidando a las muchachas, a su barco y sus demás pertenencias.
Como siempre, Los Aventurados lograron salirse con la suya, aprendiendo esta vez una gran lección, que quizás nunca olviden. Y esa lección era que no valía la pena cambiar la amistad de un compañero por una mujer.
Y, sin ir más lejos, allí es donde termina la primera historia de Los Aventurados, sin penas, ni glorias.
Epílogo
Uno de los niños, perplejo, se acercó a la anciana y le preguntó “¿Esa es la miserable historia que tenías para contar, vieja?”. La anciana se volvió hacia él bajo sus ropajes, mostrando consternación, mientras decía “¿Es que no has aprendido la lección?”, a lo que el niño respondió “Te pagamos por la historia y no lo ha valido, así que mejor devuelve las monedas.”. La mujer comenzó a reír de manera macabra, asustando a los pequeñines y llamando la atención de la gente. “¡AJÁ!”, exclamó, quitándose los ropajes de pronto, revelando a un muy reconocible Santorio bajo ellos, y saliendo a los trotes por la callejuela.
Una vez lejos, gritó hacia la muchedumbre “¡¡Porque donde haya aventura, allí esta-rán Los Aventuristas!!”
Luego se adentró a un callejón con expresión confundida.
Entre
Cuentos y Escritos
Fotologs... Say no more
Un tema actual muy comentado y abarrotado de opiniones, es la masificación de los blogs y de los más recientes fotologs.
Yo, como feliz propietario de una de estas bitácoras ciber espaciales, no poseo ninguna apreciación que hacer en contra de las mismas, sino todo lo contrario, me encuentro a favor de ellas. Las hallo interesantes por su variedad, la libertad, y el poder que brindan a sus autores.
Pero sucede algo distinto con los fotologs.
Establezcamos diferencias. Los blogs son un espacio personal donde se tratan diversos temas, desde el punto de vista del autor (o los autores) que lo actualizan, por lo general compartiendo estas opiniones en forma de texto, con los cada vez más utilizados complementos de la imagen y el video.
Los fotologs son similares, pero esta vez dando importancia a la imagen, y en segundo lugar al texto que puede o no agregarse. Si en el blog escribíamos, y luego le agregábamos algo, en los fotologs ponemos una imagen, y luego le escribimos algo.
¿Qué sucede allí?
Los blogs tienden a ser expresiones formales (a veces no tanto) de la opinión del autor. Son largos párrafos que explican temas, definen teorías, cuentan anécdotas, parodian situaciones y advierten realidades. Para dar fuerza a esa producción, se agrega una imagen muy bien seleccionada y trabajada, o un video.
Los fotologs tienden a ser un álbum de fotos público, donde los autores dejan fotos y demás imágenes de su vida, para ser observados y comentados por los visitantes. Éstas fotos suelen ser reforzadas con un pequeño párrafo donde se explica el motivo, la situación, el momento y el porqué de la foto. Siempre se aclara el amor incondicional del autor hacia la gente que visita el portal, y se despide con verdaderos afectos de carácter sonoro, físico y emotivo (Chuick, muaaaa, besooo, TKM, etc).
Los blogs son opiniones que son respondidas con opiniones. Los visitantes se encuentran a favor o en contra de lo que leen, y dejan, en una respuesta, plasmado lo que tienen para decir. Se forman debates y las conversaciones pueden llegar a trasladarse a otros blogs.
Los fotologs no son opiniones ni tanto, sólo son imágenes. Los visitantes aportan con un saludo y, en la mayor parte de las ocasiones, un comentario agradable o sólo con un saludo. No se forma ningún debate, y nunca atraviesan los lindes de esa misma página.
Por esas razones, y otras, me encuentro a favor de los blogs, y de los fotologs, también. Existen fotologers que escriben textos bastante interesantes en sus entradas, y aplaudo tal iniciativa.
Pero de lo que sí estoy en contra, son las personas que inmediatamente postean una imagen en su fotolog, corren por sus ventanas de chat rogando que sus entradas sean firmadas. La mayoría responde con un saludo sin importancia.
Veamos un ejemplo
Una muchacha, de nombre, pongamos, María Mercedes, abreviado como MM, postea la siguiente foto:
Luego MM agrega una entrada muy parecida a la siguiente:
“ola gente.. nu se estaba al pdo y puse esto jejeje. Estoy kon mis amigas en 1 fiesta wahhhhh estuvo buenisimaaaa. Ahh, ya entro a dlirar, jajaja XDXDXD... firmen, no sean vagos, XD... besito, los quieroooooo muaaaaa firmen”
Sin esperar un segundo, corre a su MSN Messenger, y pide de manera multitudinal, a sus 40 contactos conectados, que firmen. Entonces 30 de esos contactos postean cosas como: “hola che! linda la foto, te quiero!”, “Mariiiii sos un amor!! Que fotito cheee al final que paso con marcos? cuidate”, “Mechi te quiero seguí así”, “jajaj, que gracioso”, y “me encanta este fotolog, tiene fotos, maria sos una genia”.
Entonces me decidí por escribir esto. Y también me decidí por fundar el primer, y espero que no el único y último, Club de Anti-Fotologers.
El procedimiento de adquisición de la membresía es simple. Sólo tenés que copiar la siguiente frase y pegarla en tu mensaje personal de MSN:
“¿Me firmás el fotolog?... No, no te lo firmo una mierda. (S. Juárez.)”
Una vez hecho eso, tu siguiente deber es difundir la idea y el lema entre tus contactos más allegados.
¡Porque cuantos más seamos, más fuertes seremos!. (No se confundan, éste no es el lema, el lema es el de hace dos renglones).
Ahora sí, opinen.
Yo, como feliz propietario de una de estas bitácoras ciber espaciales, no poseo ninguna apreciación que hacer en contra de las mismas, sino todo lo contrario, me encuentro a favor de ellas. Las hallo interesantes por su variedad, la libertad, y el poder que brindan a sus autores.
Pero sucede algo distinto con los fotologs.
Establezcamos diferencias. Los blogs son un espacio personal donde se tratan diversos temas, desde el punto de vista del autor (o los autores) que lo actualizan, por lo general compartiendo estas opiniones en forma de texto, con los cada vez más utilizados complementos de la imagen y el video.
Los fotologs son similares, pero esta vez dando importancia a la imagen, y en segundo lugar al texto que puede o no agregarse. Si en el blog escribíamos, y luego le agregábamos algo, en los fotologs ponemos una imagen, y luego le escribimos algo.
¿Qué sucede allí?
Los blogs tienden a ser expresiones formales (a veces no tanto) de la opinión del autor. Son largos párrafos que explican temas, definen teorías, cuentan anécdotas, parodian situaciones y advierten realidades. Para dar fuerza a esa producción, se agrega una imagen muy bien seleccionada y trabajada, o un video.
Los fotologs tienden a ser un álbum de fotos público, donde los autores dejan fotos y demás imágenes de su vida, para ser observados y comentados por los visitantes. Éstas fotos suelen ser reforzadas con un pequeño párrafo donde se explica el motivo, la situación, el momento y el porqué de la foto. Siempre se aclara el amor incondicional del autor hacia la gente que visita el portal, y se despide con verdaderos afectos de carácter sonoro, físico y emotivo (Chuick, muaaaa, besooo, TKM, etc).
Los blogs son opiniones que son respondidas con opiniones. Los visitantes se encuentran a favor o en contra de lo que leen, y dejan, en una respuesta, plasmado lo que tienen para decir. Se forman debates y las conversaciones pueden llegar a trasladarse a otros blogs.
Los fotologs no son opiniones ni tanto, sólo son imágenes. Los visitantes aportan con un saludo y, en la mayor parte de las ocasiones, un comentario agradable o sólo con un saludo. No se forma ningún debate, y nunca atraviesan los lindes de esa misma página.
Por esas razones, y otras, me encuentro a favor de los blogs, y de los fotologs, también. Existen fotologers que escriben textos bastante interesantes en sus entradas, y aplaudo tal iniciativa.
Pero de lo que sí estoy en contra, son las personas que inmediatamente postean una imagen en su fotolog, corren por sus ventanas de chat rogando que sus entradas sean firmadas. La mayoría responde con un saludo sin importancia.
Veamos un ejemplo
Una muchacha, de nombre, pongamos, María Mercedes, abreviado como MM, postea la siguiente foto:
Luego MM agrega una entrada muy parecida a la siguiente:
“ola gente.. nu se estaba al pdo y puse esto jejeje. Estoy kon mis amigas en 1 fiesta wahhhhh estuvo buenisimaaaa. Ahh, ya entro a dlirar, jajaja XDXDXD... firmen, no sean vagos, XD... besito, los quieroooooo muaaaaa firmen”
Sin esperar un segundo, corre a su MSN Messenger, y pide de manera multitudinal, a sus 40 contactos conectados, que firmen. Entonces 30 de esos contactos postean cosas como: “hola che! linda la foto, te quiero!”, “Mariiiii sos un amor!! Que fotito cheee al final que paso con marcos? cuidate”, “Mechi te quiero seguí así”, “jajaj, que gracioso”, y “me encanta este fotolog, tiene fotos, maria sos una genia”.
Entonces me decidí por escribir esto. Y también me decidí por fundar el primer, y espero que no el único y último, Club de Anti-Fotologers.
El procedimiento de adquisición de la membresía es simple. Sólo tenés que copiar la siguiente frase y pegarla en tu mensaje personal de MSN:
“¿Me firmás el fotolog?... No, no te lo firmo una mierda. (S. Juárez.)”
Una vez hecho eso, tu siguiente deber es difundir la idea y el lema entre tus contactos más allegados.
¡Porque cuantos más seamos, más fuertes seremos!. (No se confundan, éste no es el lema, el lema es el de hace dos renglones).
Ahora sí, opinen.
Entre
Opiniones
26 de marzo de 2007
Como si fuese lo que mas quieren en la vida, que mierda les pasa?
Situación: Salimos a tomar un helado.
Clima: Lluvioso.
Horario: Son más o menos las 18:30.
¿De qué se trata todo esto?
Estaba en la casa de un amigo. Amigo? Sí, amigo, eso dije. Amigazo. Qué amigote que es. Resulta que le propongo que vayamos a tomar un helado a Blue Bell. Por razones de privacidad y leyes de Copyright y demás pelotudeces, voy a cambiar los nombres. Yo soy Miguel y el otro se llama Lex Luthor.
De pronto me dice que sí, que vayamos a tomar el bendito helado. Yo me había quedado a dormir en su casa, y no había llevado un abrigo. Entonces le pido uno prestado, y me entrega un buzo. Sí, se llama Lex Luthor.
Miro el buzo que me entrega en mano, y sospechando lo peor, le pregunto "¿Esto es tuyo?", a lo que agrego "Nunca te vi usando esto.". Lex lo mira y se da cuenta de que se encontraba en un error, el buzo no era suyo, era de su hermano, Clark. Entonces lo guarda, y, tras una exhaustiva búsqueda, me entrega una segunda prenda, esta vez, de su pertenencia.
Observo el abrigo detenidamente. se trata de un canguro rojo con las palabras "Hang Loose" en el centro del pecho. Me lo pruebo. Me queda. Le pregunto, esta vez parodiandome a mí mismo, "¿Esto es tuyo?". Me contesta que sí, pero que en realidad sólo lo había usado una vez, porque al tiempo de haberlo utilizado, se había dado cuenta que no le gustaba en realidad. Es más, que lo odiaba. Que lo habían obligado. Pobre Lex.
Así, con el dichoso buzo sobre mi cuerpo, nos aventuramos a la intemperie, en búsqueda del local de cremas heladas. A mitad de camino me viene a la cabeza una celestial idea, quizá hasta psíquica. Se me ocurre lo siguiente: Si el chabon tiene el buzo desde no sabe cuándo, no le gusta, no lo quiere, quizá, sólo quizá, en el mejor, y el más posible de los casos, pueda regalármelo. A mí me gustaba. Yo, Miguel, uno de los mejores amigos de Lex, pensé que desprenderse de una prenda que ya ni recordaba no supondría un gran sufrimiento, sabiendo que su destino final sería de mi posesión.
El final de esta historia es triste. El chabón Lex me dijo que no le gustaba regalar cosas. Y yo lo molesté un poco más, pero no fue suficiente. Su hermano, Clark, me dijo que tal vez lo vendería a $5. Pero Lex no. Y Lex, embarando aún más su generosidad, agregó que en base a esta situación, comenzaría a utilizar el dichoso canguro.
Ahora, yo me pregunto: Si no le gustaba el buzo... Si no lo quería... ¿Para que conservarlo?. En el caso de venderlo... ¿El dinero no debería llegar a sus padres, los verdaderos acreedores de la prenda invernal?. Y ahora, al final, lo mejor. Ya sabemos que el buzo no era de su agrado. Sabemos también que yo, Miguel, era uno de sus mejores amigos. ¿Valía más ese buzo que mi fiel amistad? ¿Lo valía?
En qué piensan los Luthors? Por qué tratan sus pertencias, por más innecesarias e inútiles que sean, cómo si fuesen lo que más quieren en la vida? Que mierda les pasa?
Para pensar, che.
Clima: Lluvioso.
Horario: Son más o menos las 18:30.
¿De qué se trata todo esto?
Estaba en la casa de un amigo. Amigo? Sí, amigo, eso dije. Amigazo. Qué amigote que es. Resulta que le propongo que vayamos a tomar un helado a Blue Bell. Por razones de privacidad y leyes de Copyright y demás pelotudeces, voy a cambiar los nombres. Yo soy Miguel y el otro se llama Lex Luthor.
De pronto me dice que sí, que vayamos a tomar el bendito helado. Yo me había quedado a dormir en su casa, y no había llevado un abrigo. Entonces le pido uno prestado, y me entrega un buzo. Sí, se llama Lex Luthor.
Miro el buzo que me entrega en mano, y sospechando lo peor, le pregunto "¿Esto es tuyo?", a lo que agrego "Nunca te vi usando esto.". Lex lo mira y se da cuenta de que se encontraba en un error, el buzo no era suyo, era de su hermano, Clark. Entonces lo guarda, y, tras una exhaustiva búsqueda, me entrega una segunda prenda, esta vez, de su pertenencia.
Observo el abrigo detenidamente. se trata de un canguro rojo con las palabras "Hang Loose" en el centro del pecho. Me lo pruebo. Me queda. Le pregunto, esta vez parodiandome a mí mismo, "¿Esto es tuyo?". Me contesta que sí, pero que en realidad sólo lo había usado una vez, porque al tiempo de haberlo utilizado, se había dado cuenta que no le gustaba en realidad. Es más, que lo odiaba. Que lo habían obligado. Pobre Lex.
Así, con el dichoso buzo sobre mi cuerpo, nos aventuramos a la intemperie, en búsqueda del local de cremas heladas. A mitad de camino me viene a la cabeza una celestial idea, quizá hasta psíquica. Se me ocurre lo siguiente: Si el chabon tiene el buzo desde no sabe cuándo, no le gusta, no lo quiere, quizá, sólo quizá, en el mejor, y el más posible de los casos, pueda regalármelo. A mí me gustaba. Yo, Miguel, uno de los mejores amigos de Lex, pensé que desprenderse de una prenda que ya ni recordaba no supondría un gran sufrimiento, sabiendo que su destino final sería de mi posesión.
El final de esta historia es triste. El chabón Lex me dijo que no le gustaba regalar cosas. Y yo lo molesté un poco más, pero no fue suficiente. Su hermano, Clark, me dijo que tal vez lo vendería a $5. Pero Lex no. Y Lex, embarando aún más su generosidad, agregó que en base a esta situación, comenzaría a utilizar el dichoso canguro.
Ahora, yo me pregunto: Si no le gustaba el buzo... Si no lo quería... ¿Para que conservarlo?. En el caso de venderlo... ¿El dinero no debería llegar a sus padres, los verdaderos acreedores de la prenda invernal?. Y ahora, al final, lo mejor. Ya sabemos que el buzo no era de su agrado. Sabemos también que yo, Miguel, era uno de sus mejores amigos. ¿Valía más ese buzo que mi fiel amistad? ¿Lo valía?
En qué piensan los Luthors? Por qué tratan sus pertencias, por más innecesarias e inútiles que sean, cómo si fuesen lo que más quieren en la vida? Que mierda les pasa?
Para pensar, che.
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Ironías
19 de marzo de 2007
Ghost Mierda
Muy bueno. Muy bueno esto de los productores de estafar a la gente. Y cada vez más, no? Es como si les gustara a estos chabones lo de robarse la plata de la buena gente.
Si me piden consejo, NO VAYAN A VERLA. A Ghost Rider me refiero. Sí, todo bien con el comic, pero la película es una estafa. Dios! En que piensan los realizadores cuando permiten que una película tan mala salga al público?
Fijate en que el trailer es espectacular, los actores pintan bien, los efectos prometen ser de lo mejor, pero un grupo de gente, especialista en estafas se las arregló para que el trailer sea espectacular y la película... NO.
-Garca Principal: Mark Steven Johnson
-Garca Escritor: El mismo
-Garca que pone la guita: Varios, entre ellos, Avi Arad, el mismo de otras películas de superhéroes.
-Garca musical: Christopher Young
-Garca Cinematografico:Russel Boyd
-Garca Editor: Richard Francis-Bruce
-Garca que buscó a los garcas actores: Juel Bestrop, Christine King, Jeanne McCarthy.
-Entre otros (demasiados como para ponerlos aquí), están los garcas actores: Nicolas Cage como Johnny Blaze/Ghost Rider, Eva Mendes como Roxanne, la novia del calaveras, Peter Fonda como el Diablo Mismo, Wes Bentley como Blackheart, y muchos garcas más.
Garcas hay, como pueden ver. Se nota. Vean la película, mejor no, no la vean. O mejor, vean sólo el principio. Pero se la piratean, claro. No vale la pena pagarse una entrada de cine por esa mierda. MIERDA dije, sí. Pensar que yo creía que iba a estar buena.
Esto va a los de Marvel: ¿Qué pasó? ¿Qué hicimos mal? ¿nos merecíamos eso? ¿Así tratan a los fans que siguieron al Ghost Rider y a otros tantos héroes a lo largo de su publicación? ¿Qué actitud es esa?
Ahora habrá que ver cómo es Spider-Man 3, o los 4 Fantasticos 2, o Batman 2, o lo que sea que se venga.
Para enlazar con el título, digo lo siguiente: La película debería llamarse Ghost Mierda. O Shit Rider. O Shit Mierda. Si, ese es el mejor.
Si me piden consejo, NO VAYAN A VERLA. A Ghost Rider me refiero. Sí, todo bien con el comic, pero la película es una estafa. Dios! En que piensan los realizadores cuando permiten que una película tan mala salga al público?
Fijate en que el trailer es espectacular, los actores pintan bien, los efectos prometen ser de lo mejor, pero un grupo de gente, especialista en estafas se las arregló para que el trailer sea espectacular y la película... NO.
-Garca Principal: Mark Steven Johnson
-Garca Escritor: El mismo
-Garca que pone la guita: Varios, entre ellos, Avi Arad, el mismo de otras películas de superhéroes.
-Garca musical: Christopher Young
-Garca Cinematografico:Russel Boyd
-Garca Editor: Richard Francis-Bruce
-Garca que buscó a los garcas actores: Juel Bestrop, Christine King, Jeanne McCarthy.
-Entre otros (demasiados como para ponerlos aquí), están los garcas actores: Nicolas Cage como Johnny Blaze/Ghost Rider, Eva Mendes como Roxanne, la novia del calaveras, Peter Fonda como el Diablo Mismo, Wes Bentley como Blackheart, y muchos garcas más.
Garcas hay, como pueden ver. Se nota. Vean la película, mejor no, no la vean. O mejor, vean sólo el principio. Pero se la piratean, claro. No vale la pena pagarse una entrada de cine por esa mierda. MIERDA dije, sí. Pensar que yo creía que iba a estar buena.
Esto va a los de Marvel: ¿Qué pasó? ¿Qué hicimos mal? ¿nos merecíamos eso? ¿Así tratan a los fans que siguieron al Ghost Rider y a otros tantos héroes a lo largo de su publicación? ¿Qué actitud es esa?
Ahora habrá que ver cómo es Spider-Man 3, o los 4 Fantasticos 2, o Batman 2, o lo que sea que se venga.
Para enlazar con el título, digo lo siguiente: La película debería llamarse Ghost Mierda. O Shit Rider. O Shit Mierda. Si, ese es el mejor.
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Reviews
17 de marzo de 2007
Mutantes, dementes y adolescentes
Buenas, muchachos. Vuelvo a estos parajes luego de un desvío vago y oscuro que me mantuvo del otro lado del umbral de la cueva por mucho tiempo.
Y vuelvo para comentarles que... ¡¡tengo poderes mentales!!
Bueno, no es tan así. La verdad es que a veces me vienen lo que yo llamo "Golpes premonitorios", que no son cosas a lo sueños de anakin, o visiones espantosas de un apocalipsis inevitable. En realidad creo que son sensasiones precisas que luego se vuelven realidad en una situación, como un dèja vú, pero más grosso.
Ejemplo:
1) Durante tres meses no había visto a una amiga, Rossana. Yo le pido disculpas, pero como no éramos tan amigos entonces, no me había acordado de ella durante ese tiempo. Eran las vacaciones, y no había tenido contacto con ella. Sin embargo, una noche soñé con ella, y cuando desperté, acordándome del sueño, no podía entender por qué, y me acordé de que no la había visto en los últimos meses y que había perdido contacto con ella. ese mismo día me la encontré en la casa de un amigo, sin tener idea de que iba a ir. ¿Coincidencia?
2)Iba caminando por el centro. Tranquilo. De pronto me acuero de que le habìa dejado un mensaje a Leandro en el foro, y me hubiera gustado saber que diría. De repente me tocan la espalda y me dicen: "Santiago!". Era él, Leandro. usto había pensado en él y aparece detrás mío. Que loco, o no?
3)Un buen día me acordé de una película que había visto por última vez casi... diez años atrás. Había una escena, en el final, que me había quedado grabada en la memoria.
Ese día regreso a mi casa a las 22:30, me acerco a la televisión que estaba encendida, y estaban pasando esa película. Y no sólo eso, además de ser esa misma película, era exactamente la misma escena que yo recordaba. Justo la parte, ni un segundo más, ni uno menos.
4)Llega un amigo de un tour por Europa. Todos lo estamos esperando en el aeropuerto. De pronto Fede se me acerca y me dice: "Dibujalo a Mariano bajando del avión, y todos lo estamos esperando". Me parece interesante la idea, así que me siento en el suelo, saco la carpeta y me pongo a dibujar. Luego Fede se me acerca y me pregunta. "Por qué lo dibujás vestido con traje de vestir?". Le contesto que no sé, que por que sí.
Cuando Mariano bajó del avión, vestía traje.
Hubieron otras, pero mucho menores y mucho más simples. De todas manreas, premonitorias. ¿Ustedes que opinan?
Y vuelvo para comentarles que... ¡¡tengo poderes mentales!!
Bueno, no es tan así. La verdad es que a veces me vienen lo que yo llamo "Golpes premonitorios", que no son cosas a lo sueños de anakin, o visiones espantosas de un apocalipsis inevitable. En realidad creo que son sensasiones precisas que luego se vuelven realidad en una situación, como un dèja vú, pero más grosso.
Ejemplo:
1) Durante tres meses no había visto a una amiga, Rossana. Yo le pido disculpas, pero como no éramos tan amigos entonces, no me había acordado de ella durante ese tiempo. Eran las vacaciones, y no había tenido contacto con ella. Sin embargo, una noche soñé con ella, y cuando desperté, acordándome del sueño, no podía entender por qué, y me acordé de que no la había visto en los últimos meses y que había perdido contacto con ella. ese mismo día me la encontré en la casa de un amigo, sin tener idea de que iba a ir. ¿Coincidencia?
2)Iba caminando por el centro. Tranquilo. De pronto me acuero de que le habìa dejado un mensaje a Leandro en el foro, y me hubiera gustado saber que diría. De repente me tocan la espalda y me dicen: "Santiago!". Era él, Leandro. usto había pensado en él y aparece detrás mío. Que loco, o no?
3)Un buen día me acordé de una película que había visto por última vez casi... diez años atrás. Había una escena, en el final, que me había quedado grabada en la memoria.
Ese día regreso a mi casa a las 22:30, me acerco a la televisión que estaba encendida, y estaban pasando esa película. Y no sólo eso, además de ser esa misma película, era exactamente la misma escena que yo recordaba. Justo la parte, ni un segundo más, ni uno menos.
4)Llega un amigo de un tour por Europa. Todos lo estamos esperando en el aeropuerto. De pronto Fede se me acerca y me dice: "Dibujalo a Mariano bajando del avión, y todos lo estamos esperando". Me parece interesante la idea, así que me siento en el suelo, saco la carpeta y me pongo a dibujar. Luego Fede se me acerca y me pregunta. "Por qué lo dibujás vestido con traje de vestir?". Le contesto que no sé, que por que sí.
Cuando Mariano bajó del avión, vestía traje.
Hubieron otras, pero mucho menores y mucho más simples. De todas manreas, premonitorias. ¿Ustedes que opinan?
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Ironías
13 de julio de 2006
Spiderman 3 se nos viene encima
Bueno, no sólo Spiderman 3, mirá:
Spiderman 3:
Ghost Rider:
Bueno, cualquier cosa agrego más...
Spiderman 3:
Ghost Rider:
Bueno, cualquier cosa agrego más...
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Noticias
15 de junio de 2006
Posible
Me pongo de pie. Miro a mi alrededor. Lo que hace dos minutos estaba saturado de casas, ahora es un terreno vacío. Y es una ironía decir “hace dos minutos”, porque en realidad no será hasta dentro de diez años. En realidad no sé para qué vine aquí. Tal vez para conocer; o tal vez para cambiar las cosas, para evitar cometer esos errores. Pero falta mucho aún para eso. Faltan varios años. Yo... iré allí.
La luz es muy fuerte. No sé si me daña los ojos. Pero si es así, es un sacrificio que vale la pena. Pasaron ya quince años, pero yo no envejecí ni un minuto. Las casas están otra vez. Inclusive la mía. ¿Por qué hago esto? ¿Está bien? ¿Estaré yendo en contra de las reglas de Dios? No me importa mucho. Pero creo que debería.
Vuelvo a toser. El viaje me agota mucho. Ésta será la última vez. Pero me aseguraré de hacer las cosas bien. Una persona viene caminando. Me es familiar. ¿Seré yo? Si es así, sólo en materia. Porque he cambiado. Ahora soy otra persona. No. Está mal dicho. En unos años seré otra persona. Porque ahora soy él. Es yo, pero tan joven como me gustaría volver a ser. Me veo caminando hasta la tapia, y saltándola con una majestuosidad que ya había olvidado. No debo verme. Si lo hago, me acercaría con curiosidad, y no sé cuál sería el efecto. El resultado. Imagínense. Me veo a mí mismo, y después me convierto en otra persona. ¿Cambiaría aquí? ¿O nunca viajaría? ¿Se crearía una línea paralela? Siempre busqué una respuesta a esas preguntas, pero ésta era la única forma de saberlo.
“Eh, chico”, lo llamo. No se da cuenta la primera vez. Y ahora comienzo a recordar. Un tipo vino a verme, y yo no le hacía caso. Me llamó una segunda vez. Pero... soy yo el que llama. Si decido no llamar una segunda vez, nunca recordaré que lo haya hecho. Pero lo hago igual. “Aquí, ¿no me oyes?”. Ahora sí se da vuelta. Y también puedo recordar por qué me di vuelta. Porque el tipo me sonaba familiar. ¿Quién era?. Era yo mismo. Se acerca, pero cautelosamente. Como yo lo hubiera hecho. “¿Qué necesita?”, me pregunta. ¿Qué necesito?, debo preguntarme. ¿Cambiar mi vida? ¿Para bien o para mal? Ahora me pregunto... ¿Qué pasará con nuestra alma? Es una sola. Pero aquí nosotros somos dos. ¿Pueden haber dos almas iguales? ¿Dos cuerpos ig1uales? ¿Qué pasará si nos tocamos? “Nada, mejor me voy” “Espere” ¿Porqué me detiene? Ya lo recuerdo. Le dije que no se vaya porque había visto algo en él. La misma marca que tengo en la cara. “¡Rayos!”, dijo. Se dio cuenta. Yo me di cuenta entonces. Y me dije. “¿Es realmente posible?” “Lo es”, me respondo. “No puedo quedarme aquí mucho más” “Lo entiendo”, me dice, como si supiese lo que está pasando. Tengo muchas ganas de prevenirme de todos los errores que voy a cometer. Negocios malos, decisiones mal tomadas. Errores estúpidos que arruinaron mi vida. Lo mal que traté a muchas personas. Lo poco que cuidé a... Ella. Pero no debo. Yo no debo. No le diré nada. Mi siguiente recuerdo se forma a la vez que me desvanezco en el flujo de energía. Veo al tipo desvanecerse en el aire. ¡Desvanecerse! Desde entonces me propongo la idea de viajar por aquella dimensión inexplorada.
Viajar en el... tiempo.
¿Será posible?
La luz es muy fuerte. No sé si me daña los ojos. Pero si es así, es un sacrificio que vale la pena. Pasaron ya quince años, pero yo no envejecí ni un minuto. Las casas están otra vez. Inclusive la mía. ¿Por qué hago esto? ¿Está bien? ¿Estaré yendo en contra de las reglas de Dios? No me importa mucho. Pero creo que debería.
Vuelvo a toser. El viaje me agota mucho. Ésta será la última vez. Pero me aseguraré de hacer las cosas bien. Una persona viene caminando. Me es familiar. ¿Seré yo? Si es así, sólo en materia. Porque he cambiado. Ahora soy otra persona. No. Está mal dicho. En unos años seré otra persona. Porque ahora soy él. Es yo, pero tan joven como me gustaría volver a ser. Me veo caminando hasta la tapia, y saltándola con una majestuosidad que ya había olvidado. No debo verme. Si lo hago, me acercaría con curiosidad, y no sé cuál sería el efecto. El resultado. Imagínense. Me veo a mí mismo, y después me convierto en otra persona. ¿Cambiaría aquí? ¿O nunca viajaría? ¿Se crearía una línea paralela? Siempre busqué una respuesta a esas preguntas, pero ésta era la única forma de saberlo.
“Eh, chico”, lo llamo. No se da cuenta la primera vez. Y ahora comienzo a recordar. Un tipo vino a verme, y yo no le hacía caso. Me llamó una segunda vez. Pero... soy yo el que llama. Si decido no llamar una segunda vez, nunca recordaré que lo haya hecho. Pero lo hago igual. “Aquí, ¿no me oyes?”. Ahora sí se da vuelta. Y también puedo recordar por qué me di vuelta. Porque el tipo me sonaba familiar. ¿Quién era?. Era yo mismo. Se acerca, pero cautelosamente. Como yo lo hubiera hecho. “¿Qué necesita?”, me pregunta. ¿Qué necesito?, debo preguntarme. ¿Cambiar mi vida? ¿Para bien o para mal? Ahora me pregunto... ¿Qué pasará con nuestra alma? Es una sola. Pero aquí nosotros somos dos. ¿Pueden haber dos almas iguales? ¿Dos cuerpos ig1uales? ¿Qué pasará si nos tocamos? “Nada, mejor me voy” “Espere” ¿Porqué me detiene? Ya lo recuerdo. Le dije que no se vaya porque había visto algo en él. La misma marca que tengo en la cara. “¡Rayos!”, dijo. Se dio cuenta. Yo me di cuenta entonces. Y me dije. “¿Es realmente posible?” “Lo es”, me respondo. “No puedo quedarme aquí mucho más” “Lo entiendo”, me dice, como si supiese lo que está pasando. Tengo muchas ganas de prevenirme de todos los errores que voy a cometer. Negocios malos, decisiones mal tomadas. Errores estúpidos que arruinaron mi vida. Lo mal que traté a muchas personas. Lo poco que cuidé a... Ella. Pero no debo. Yo no debo. No le diré nada. Mi siguiente recuerdo se forma a la vez que me desvanezco en el flujo de energía. Veo al tipo desvanecerse en el aire. ¡Desvanecerse! Desde entonces me propongo la idea de viajar por aquella dimensión inexplorada.
Viajar en el... tiempo.
¿Será posible?
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Cuentos y Escritos
Swords & Sorcerers - Capítulo I - Padre e hijo
Una época de paz... que se acabó abruptamente. Así me lo contó mi padre. Un terrible cataclismo que acabó con el mundo como lo conocíamos. Claro que mi padre no vivía entonces, a él se lo contó su padre. Le contó como fue que ese vórtice de luz acababa con todo nuestro presente y lograba destruir reinos enteros, en cuestión de segundos. Lo que vino después fue peor. Ese vórtice no era más que un portal. Un portal a un mundo donde la magia reinaba. Donde los Elfos y los Orcos son cosa de todo los días. Y ese portal trajo la magia y a esas criaturas a nuestro mundo, y lo cambió para siempre. Pasaron ya cien años desde entonces, y el mundo es otro ahora. Es algo completamente distinto; ahora es un mundo poblado por monstruos, espadas, y hechiceros...
Mi padre murió cuando yo tenía diez años. Recuerdo aquel momento como si fuese ayer. Un bandido elfo salió de la oscuridad, y le clavó una daga en el abdomen. Antes de irse le dijo “... Saludos de Garrawine...”; lo escupió, y después de mirarme como indicándome que debía cuidarme, huyó. Yo sabía por qué había pasado eso. Mi padre trabajaba para un... señor del crimen. Creo que le debía algún dinero, y, por lo tanto, decidió que era hora de deshacerse de él. No pude soportarlo. Ese mismo día busqué a la escoria que había asesinado a mi padre y le arranqué la garganta. Desde entonces decidí que si no podía ser unos de los buenos, sería un asesino... el mejor de ellos.
Y con ese pobre infeliz que asesiné a los diez años, tuve mi bautismo de fuego.Hoy, me trae a este castillo un objetivo más en la misión de mi vida. Un sujeto de apariencia extraña me entregó cuatro mil piezas de oro a cambio de que asesine a un tal Jarrde, un hechicero anciano. No fue difícil. Tomé una de esas espadas decorativas y se la incrusté en el tórax. Todavía está ahí, retorciéndose.
Oigo algo. Como pasos apresurados, subiendo las escaleras en esta dirección. Creo que son dos personas... están murmurando algo ahora; mejor me oculto para escucharlos.
“Maestro Tirahel, ¿Cree que mi Maestro esté bien?” Parece un niño, como de 15 años. “No puedo usar Clarividencia, joven, pero sé que Jarrde estará bien”... Un anciano le contesta. Creo que voy a tener problemas. Parecen venir hacia aquí, y creo que conocían al anciano. Rayos, ya encontraron el cuerpo.
“Revívelo, Maestro, por favor”. “No puedo hacerlo, aprendiz, lo asesinaron con un arma que él mismo conjuró, me lamento que es imposible”. “¡No!, por favor, no puede morir. ¡Maestro Jarrde!”.
El niño llora. El hechicero lo consuela. De repente, el llanto cesa.
“¡Maestro! El asesino aún está aquí” “¿Dónde, aprendiz?” “¡Allí!, detrás de esa columna. ¡Bola de Fuego!”
Tuve que saltar, y rodar en el piso para evitar ese hechizo. La columna que quizá por cientos de años estuvo allí, estalló en lo que se tarda en abrir y cerrar los ojos. Me abalancé sobre el niño que parecía estar cansado por el conjuro que acababa de realizar y lo tumbé al suelo. Después, usando su propio bastón, golpeé al hechicero anciano, que cayó al suelo. Luego sentí una fuerza terrible golpeándome la cabeza, para después ver como el universo se oscurecía.
Veo a mi padre caminando hacia mí y diciéndome “¿Esto es en lo que te has convertido? ¿En un asesino de ancianos?” “Pero, padre, estoy haciendo esto para vengar tu muerte” “De la peor manera que podías hacerlo. ¿O acaso no te has dado cuenta de que arruinaste la vida de ese niño como aquel malhechor arruinó la tuya? Me has decepcionado” “¡Padre! Por favor espera...”
Despierto en lo que parece ser una mazmorra, con las manos y los pies encadenadas. Sin que me haya dado cuenta, el niño había estado ahí, mirándome. Se puso de pie y se acercó. “¿Tu nombre?”, me dijo.
“¿Quién quiere saberlo?” le pregunté. No contestó. Entonces usó otra pregunta. “¿Por qué?” “¿Por qué qué?”. Se acerco aún más, a tal punto que podía sentir su aliento frío, típico en los hechiceros, y me preguntó “¿Por qué mataste a Jarrde?”
No quería contestarle. No era de su incumbencia. No debía contarle, pero... lo hice. “Me pagaron para matarlo. No lo conocía. ¿Podrías soltarme?”. La piedra preciosa incrustada en la punta de su bastón comenzó a brillar. Brilló más y más fuerte, y yo creí que esa sería la última luz que vería brillar. Cuando de repente, alzando su bastón a la altura de mi cabeza, exclamó “¡Libre!”. Y las cadenas se soltaron, acabando con el terrible dolor que me causaban en las muñecas. Me puse de pie y descubrí que la altura del niño llegaba hasta mi pecho. Me miró a los ojos y recordé en su mirada mis ojos al ver al asesino de mi padre. Entonces me di cuenta de que podía hacer algo. Algo que, en el fondo, encontraría la redención para mi padre, el niño y para mí. Y le propuse algo que creí que jamás podría decirle a alguien.
“Tienes dos opciones ahora. Aunque lo creas o no, estoy arrepentido por lo que hice, y creo que existe sólo una forma de que pueda redimirme y poder saldar la deuda que tengo contigo. Por un lado, puedes intentar matarme para vengar a tu maestro. Y por el otro, puedes ser mi protegido y dejarme ocupar el lugar de Jarrde”.
Frunció el ceño tan fuerte, e hizo rechinar tan fuertemente sus dientes que pensé que elegiría la primera opción. No sé en qué habrá pensado, no tengo idea de qué podrá haber pasado por su mente en ese momento, pero la decisión que tomó me sorprndió. Cuando abrió su boca, con la voz un poco temblorosa, me dijo “¿Tu nombre?”. “Arkano, ¿Y el tuyo?” “Cefeo”
“¿Padre? ¿Padre? ¿Estás ahí?”
“Aquí estoy, hijo”
“Perdóname por no poder vengar tu muerte como quisiste”
“Pero hijo, supiste redimirte y has terminado sabiamente con el objetivo que te habías propuesto. Y con respecto a mi muerte, hijo, considérala vengada, considérala... vengada”.
Mi padre murió cuando yo tenía diez años. Recuerdo aquel momento como si fuese ayer. Un bandido elfo salió de la oscuridad, y le clavó una daga en el abdomen. Antes de irse le dijo “... Saludos de Garrawine...”; lo escupió, y después de mirarme como indicándome que debía cuidarme, huyó. Yo sabía por qué había pasado eso. Mi padre trabajaba para un... señor del crimen. Creo que le debía algún dinero, y, por lo tanto, decidió que era hora de deshacerse de él. No pude soportarlo. Ese mismo día busqué a la escoria que había asesinado a mi padre y le arranqué la garganta. Desde entonces decidí que si no podía ser unos de los buenos, sería un asesino... el mejor de ellos.
Y con ese pobre infeliz que asesiné a los diez años, tuve mi bautismo de fuego.Hoy, me trae a este castillo un objetivo más en la misión de mi vida. Un sujeto de apariencia extraña me entregó cuatro mil piezas de oro a cambio de que asesine a un tal Jarrde, un hechicero anciano. No fue difícil. Tomé una de esas espadas decorativas y se la incrusté en el tórax. Todavía está ahí, retorciéndose.
Oigo algo. Como pasos apresurados, subiendo las escaleras en esta dirección. Creo que son dos personas... están murmurando algo ahora; mejor me oculto para escucharlos.
“Maestro Tirahel, ¿Cree que mi Maestro esté bien?” Parece un niño, como de 15 años. “No puedo usar Clarividencia, joven, pero sé que Jarrde estará bien”... Un anciano le contesta. Creo que voy a tener problemas. Parecen venir hacia aquí, y creo que conocían al anciano. Rayos, ya encontraron el cuerpo.
“Revívelo, Maestro, por favor”. “No puedo hacerlo, aprendiz, lo asesinaron con un arma que él mismo conjuró, me lamento que es imposible”. “¡No!, por favor, no puede morir. ¡Maestro Jarrde!”.
El niño llora. El hechicero lo consuela. De repente, el llanto cesa.
“¡Maestro! El asesino aún está aquí” “¿Dónde, aprendiz?” “¡Allí!, detrás de esa columna. ¡Bola de Fuego!”
Tuve que saltar, y rodar en el piso para evitar ese hechizo. La columna que quizá por cientos de años estuvo allí, estalló en lo que se tarda en abrir y cerrar los ojos. Me abalancé sobre el niño que parecía estar cansado por el conjuro que acababa de realizar y lo tumbé al suelo. Después, usando su propio bastón, golpeé al hechicero anciano, que cayó al suelo. Luego sentí una fuerza terrible golpeándome la cabeza, para después ver como el universo se oscurecía.
Veo a mi padre caminando hacia mí y diciéndome “¿Esto es en lo que te has convertido? ¿En un asesino de ancianos?” “Pero, padre, estoy haciendo esto para vengar tu muerte” “De la peor manera que podías hacerlo. ¿O acaso no te has dado cuenta de que arruinaste la vida de ese niño como aquel malhechor arruinó la tuya? Me has decepcionado” “¡Padre! Por favor espera...”
Despierto en lo que parece ser una mazmorra, con las manos y los pies encadenadas. Sin que me haya dado cuenta, el niño había estado ahí, mirándome. Se puso de pie y se acercó. “¿Tu nombre?”, me dijo.
“¿Quién quiere saberlo?” le pregunté. No contestó. Entonces usó otra pregunta. “¿Por qué?” “¿Por qué qué?”. Se acerco aún más, a tal punto que podía sentir su aliento frío, típico en los hechiceros, y me preguntó “¿Por qué mataste a Jarrde?”
No quería contestarle. No era de su incumbencia. No debía contarle, pero... lo hice. “Me pagaron para matarlo. No lo conocía. ¿Podrías soltarme?”. La piedra preciosa incrustada en la punta de su bastón comenzó a brillar. Brilló más y más fuerte, y yo creí que esa sería la última luz que vería brillar. Cuando de repente, alzando su bastón a la altura de mi cabeza, exclamó “¡Libre!”. Y las cadenas se soltaron, acabando con el terrible dolor que me causaban en las muñecas. Me puse de pie y descubrí que la altura del niño llegaba hasta mi pecho. Me miró a los ojos y recordé en su mirada mis ojos al ver al asesino de mi padre. Entonces me di cuenta de que podía hacer algo. Algo que, en el fondo, encontraría la redención para mi padre, el niño y para mí. Y le propuse algo que creí que jamás podría decirle a alguien.
“Tienes dos opciones ahora. Aunque lo creas o no, estoy arrepentido por lo que hice, y creo que existe sólo una forma de que pueda redimirme y poder saldar la deuda que tengo contigo. Por un lado, puedes intentar matarme para vengar a tu maestro. Y por el otro, puedes ser mi protegido y dejarme ocupar el lugar de Jarrde”.
Frunció el ceño tan fuerte, e hizo rechinar tan fuertemente sus dientes que pensé que elegiría la primera opción. No sé en qué habrá pensado, no tengo idea de qué podrá haber pasado por su mente en ese momento, pero la decisión que tomó me sorprndió. Cuando abrió su boca, con la voz un poco temblorosa, me dijo “¿Tu nombre?”. “Arkano, ¿Y el tuyo?” “Cefeo”
“¿Padre? ¿Padre? ¿Estás ahí?”
“Aquí estoy, hijo”
“Perdóname por no poder vengar tu muerte como quisiste”
“Pero hijo, supiste redimirte y has terminado sabiamente con el objetivo que te habías propuesto. Y con respecto a mi muerte, hijo, considérala vengada, considérala... vengada”.
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Cuentos y Escritos
26 de mayo de 2006
Se dice: REGALAME UNA HOJA
¿Vieron que cuando uno pide prestada una hoja nunca la devuelve? Sí, me refiero a esas veces que hay una prueba sorpresa, y nunca falta el tipo que se quedó sin hojas, que, ni bien la profesora dice “Prueba sorpresa, chicos”, y en conjunto con las quejas y los desesperados “no, por favor”, el sujeto propiamente dicho exclama, en un tono lo suficientemente apropiado como para que todo el curso lo oiga, alimentando en gran manera las posibilidades de escuchar una respuesta positiva, “¿¡Alguien me presta una hoja!?”.
Por supuesto (a su vez) nunca falta el sujeto (o sujeto femenino), que responde afirmativamente, extendiéndole una hoja rayada sin uso al damnificado. Éste, en cuestión de protocolo, responde “Gracias”, sin mirar a los ojos de su donante siquiera.
¿Debe esperar ese enviado de Dios recibir su hoja en algún supuesto futuro? Y, según el diccionario, prestar es... (Del latín praestãre), Entregar algo mediante obligación de que sea devuelto. Si mi léxico no me engaña, devolver significa... (Del latín devolvére), Volver una cosa o situación al estado que tenía, o, en todo caso, restituirla a la persona que la poseía.
Y, si hacemos los cálculos correspondientes, “prestar una hoja” significa que el interesado debe devolver dicha hoja al propietario original. Éste, como dueño o contador de un banco, espera que cada persona que pide un préstamo termine pagándolo en las correspondientes (e interminables) cuotas, con el así mismo correspondiente 60 %. El problema incide en que no existe documento que diga que “En la prueba sorpresa de Lengua y Literatura, dictada por la profesora Algarroba, la institución dividió una parte de su block para la satisfacción del interesado, Pepito Ramone, sujeto que procederá a la devolución de la cantidad pactada en 84 cuotas y media, con un interés del 60 %”, y menos que esté firmada por la institución y Pepito. De todas maneras, aunque existiera, Pepito debería conocer las precisas medidas y el volumen de la pieza de papel, para poder dividirla en 84 y media partes, y además usar una hoja propia para añadir el 60 %. Pepito, al encontrarse en tal situación, decide ir y jugar una ruleta rusa, porque cree que con eso, ya vio todo en su vida.
Pero existen los otros Pepitos. Sí, esos rojos con cuernos, tridente y cola puntiaguda. Los Pepitos que son malos. Lamentablemente todos nosotros somos Pepitos malos. Pero si llegaron hasta acá se estarán preguntando “¿Qué tiene de malo ser un Pepito malo?... ¿Tan malo es?”. Y la respuesta es, señoras y señores, sí. Es muy malo. El Pepito malo se va a vivir a una isla del caribe, abre una cuenta en una de las islas caimán, le compra cocaína a los Colombianos, engaña a su mujer, se roba un Banco Río y toma el té con la Reina de Inglaterra. Y, lo peor de todo, nunca devuelve la hoja. Claro que, como la mayoría de las personas, los que prestan la hoja son también Pepitos malos y tampoco les interesa que le devuelvan la hoja; razón por la cual nunca la exigen de vuelta ni firman un documento absurdo. Pero no acaba ahí. Si un Pepito (Santo sea el poder de Dios) trata de devolverle la hoja al prestamista, le van a decir “No seas boludo, es una hoja nomás”.
Mi pregunta es... ¡¡¿¿ PARA QUÉ MIERDA DICEN QUE PRESTAN UNA HOJA SI NUNCA SE LA VAN A DEVOLVER??!! Y, de la misma manera, ¡¡¿¿PARA QUÉ CARAJO PIDEN PRESTADA UNA HOJA, SI NUNCA, por el amor de Dios, LA VAN A DEVOLVER??!! ¡¡¿¿ÉH??!! ....
... manga de pepitos...
Por supuesto (a su vez) nunca falta el sujeto (o sujeto femenino), que responde afirmativamente, extendiéndole una hoja rayada sin uso al damnificado. Éste, en cuestión de protocolo, responde “Gracias”, sin mirar a los ojos de su donante siquiera.
¿Debe esperar ese enviado de Dios recibir su hoja en algún supuesto futuro? Y, según el diccionario, prestar es... (Del latín praestãre), Entregar algo mediante obligación de que sea devuelto. Si mi léxico no me engaña, devolver significa... (Del latín devolvére), Volver una cosa o situación al estado que tenía, o, en todo caso, restituirla a la persona que la poseía.
Y, si hacemos los cálculos correspondientes, “prestar una hoja” significa que el interesado debe devolver dicha hoja al propietario original. Éste, como dueño o contador de un banco, espera que cada persona que pide un préstamo termine pagándolo en las correspondientes (e interminables) cuotas, con el así mismo correspondiente 60 %. El problema incide en que no existe documento que diga que “En la prueba sorpresa de Lengua y Literatura, dictada por la profesora Algarroba, la institución dividió una parte de su block para la satisfacción del interesado, Pepito Ramone, sujeto que procederá a la devolución de la cantidad pactada en 84 cuotas y media, con un interés del 60 %”, y menos que esté firmada por la institución y Pepito. De todas maneras, aunque existiera, Pepito debería conocer las precisas medidas y el volumen de la pieza de papel, para poder dividirla en 84 y media partes, y además usar una hoja propia para añadir el 60 %. Pepito, al encontrarse en tal situación, decide ir y jugar una ruleta rusa, porque cree que con eso, ya vio todo en su vida.
Pero existen los otros Pepitos. Sí, esos rojos con cuernos, tridente y cola puntiaguda. Los Pepitos que son malos. Lamentablemente todos nosotros somos Pepitos malos. Pero si llegaron hasta acá se estarán preguntando “¿Qué tiene de malo ser un Pepito malo?... ¿Tan malo es?”. Y la respuesta es, señoras y señores, sí. Es muy malo. El Pepito malo se va a vivir a una isla del caribe, abre una cuenta en una de las islas caimán, le compra cocaína a los Colombianos, engaña a su mujer, se roba un Banco Río y toma el té con la Reina de Inglaterra. Y, lo peor de todo, nunca devuelve la hoja. Claro que, como la mayoría de las personas, los que prestan la hoja son también Pepitos malos y tampoco les interesa que le devuelvan la hoja; razón por la cual nunca la exigen de vuelta ni firman un documento absurdo. Pero no acaba ahí. Si un Pepito (Santo sea el poder de Dios) trata de devolverle la hoja al prestamista, le van a decir “No seas boludo, es una hoja nomás”.
Mi pregunta es... ¡¡¿¿ PARA QUÉ MIERDA DICEN QUE PRESTAN UNA HOJA SI NUNCA SE LA VAN A DEVOLVER??!! Y, de la misma manera, ¡¡¿¿PARA QUÉ CARAJO PIDEN PRESTADA UNA HOJA, SI NUNCA, por el amor de Dios, LA VAN A DEVOLVER??!! ¡¡¿¿ÉH??!! ....
... manga de pepitos...
Entre
Ironías
24 de mayo de 2006
Siempre quise escribir mi primera novela
La verdad, siempre quise. Hace poco leí el Codigo Da Vinci, y me di cuenta de que era muy facil. De cualquier manera, y para estrenar este (absurdo) Blog, les pongo el prologo y los primeros capitulos de la misma.
No tiene nombre aún.
Prólogo
Las luces parpadearon en el laboratorio más secreto de la NASA. El sistema eléctrico había estado teniendo problemas, y era irónico siendo aquel el lugar que contaba con la más alta tecnología sobre el planeta. Charles Teary pasó sus últimos meses en aquel oscuro laboratorio trabajando, y ya había aprendido a vivir sin salir al exterior. No se lo permitían.
Pero ese día era especial. Era distinto a todos y cada uno de los 3738 días que llevaba atrapado allí. Ese día terminaría su trabajo y podría volver a salir. Afuera no le esperaba nadie, claro. Su esposa lo daba por muerto, y nunca había tenido hijos. Pero podía recrear su vida. Empezar de nuevo. Renacer de las cenizas.
Ya eran casi las diez cuando levantó la vista del microscopio y dio por concluido el trabajo. Abrió el cajón que le dijeron que abriera sólo el día en que terminara, y levantó lo único que había dentro.Un control remoto con sólo un botón. Lo presionó.Al instante, una puerta se abrió y dos soldados entraron. Portaban armas cortas y chalecos de Kevlar, además de unas máscaras especiales.
- ¿Guardó todos los archivos? – Le preguntó el más grande de ellos.
- Yo... sí, en dos discos diferentes, además de dejar cuatro copias de todos mis apuntes y documentos escritos... Exactamente como me lo pidieron.
- Excelente – Dijo el otro, y apuntó con su arma a la cabeza de Steary.
- ¿Qué sucede? – Teary no entendía nada. Sentía sus piernas temblar, y sabía que no tenía oportunidades contra dos soldados entrenados. Además, le esperaban miles más afuera.
- Son órdenes. Usted ya hizo lo que debía y el gobierno norteamericano agradece su cooperación.
- ¡Pero me prometieron que saldría! - <>
- Es un riesgo demasiado peligroso que no debemos correr. El proyecto lleva décadas de preparación.Por favor, por...
Trató de cerrar los ojos, pero fue demasiado tarde. Sin sentir ninguna clase de piedad, el soldado presionó el gatillo, y asesinó a Teary. Pero, por suerte, Teary no había podido sentir la bala penetrando su cráneo.
Capítulo 1
La secretaria desapareció detrás de una pesada puerta de madera, dejando a Thomas solo frente al escritorio.Thomas Nowlan acababa de recibirse en Astronomía, y su sueño siempre había sido poder trabajar para la NASA. Siempre había sido un muchacho pretensioso, siempre yendo por más. Ese día estaba allí, en una oficina de la NASA, esperando la respuesta a su petición de empleo.
Su currículum demostraba excelentes calificaciones tanto en las áreas científicas como deportivas. La secretaria había quedado impresionada, de cualquier manera, siempre había que recibir el visto bueno del “jefe” para poder dar el sí. Pero después de haberse ido, la secretaria jamás volvió. Thomas no quería pensar que podía estar pasando allí dentro.
Recorrió con la mirada aquella oficina. Las paredes estaban decoradas con cuadros e imágenes representando la historia de la exploración espacial. Algunas mostraban fotos en blanco y negro del descenso en la luna y otras mostraban impactantes reproducciones en color del descenso en Marte del robot Sojourner. La tecnología había avanzado, sí. ¿Pero lo había hecho el hombre?
Trató de no pensar nuevamente en aquel tema. Ya había hablado de eso en cientos de ensayos, casi todos premiados o elogiados. Sentía que el fruto de toda su vida era encontrarse en aquella habitación en aquel momento.
Observó nuevamente la foto de Neil Armstrong caminado por el suelo lunar. Desde que el alunizaje salió en la televisión, aquel día de Julio de 1969, muchos excépticos habían creído – y seguían creyendo - que había sido una farsa. Se basaban principalmente en las fotografías del terreno lunar. Si se observaba claramente, se podía ver que en la lejanía la imagen se hacía borrosa, lo que no tenía sentido suponiendo que en la luna no hay aire que provoque tal efecto, o al menos eso dicen los científicos. También se podían ver misteriosas fuentes de luz que no tenían origen lógico. Y una de las más increíbles imágenes, era la de un extraño reflejo en el casco de Armstrong. Si no era un OVNI, era un helicóptero de la fuerza aérea de los Estados Unidos.
<<¿Helicópteros en la luna?>> Thomas sonreía cada vez que veía esa imagen.
La secretaria emergió de la puerta, con papeles en la mano. Se sentó en su asiento y comenzó a escribir unas cosas, ignorando completamente la presencia de Thomas. Hizo un par de clics en la computadora y volvió a escribir. Thomas realizó un sonido con su garganta, y la secretaria se incorporó de pronto, como si recién cayera en la cuenta de que había otra persona allí. Miró extrañamente a Thomas, y él sintió que ya había olvidado su petición de trabajo. De pronto, reaccionó.
- Disculpe, Sr. Nowlan, pero por ahora no tenemos vacantes en las oficinas centrales. Quizá dentro de unos meses. <>, pensó Thomas
- ¿Y en una oficina u observatorio en otro estado? Realmente deseo trabajar con ustedes. – Si eso no funcionaba, Thomas iba a tener que comenzar a dictar clases acerca del sistema Solar en una escuela primaria.
- No sabría decirle. Déjeme preguntar.La secretaria desapareció tras la puerta nuevamente, y Thomas dejó escapar algo parecido a un gruñido. Se sintió pisoteado. Después del arduo trabajo que había realizado los últimos cinco años de su vida, lo rechazaban como si fuese un experto en informática que quisiese entrar a trabajar con un acelerador de partículas.La puerta se cerró y el silencio invadió la habitación nuevamente. El aire acondicionado comenzó a vibrar, y Thomas sintió una brisa fresca penetrar su camisa. Pegó los brazos al cuerpo y metió las manos entre las piernas instintivamente, tratando de mantener el calor corporal. De pronto...
El teléfono sonó.Y la secretaria no estaba.
Thomas se acomodó en su asiento, esperando a que la secretaria llegara pronto. Observó el cielo raso, y en una esquina había una cámara enfocándolo. La cámara rotó y enfocó la puerta. Como imitando la cámara, el también observó la puerta, pero nada pasaba. <<¿Qué podría pasar?>>. Pensó por un minuto en acercarse y aumentar la temperatura del aire acondicionado, pero el teléfono volvió a sonar.Se quedó quieto, temiendo a que la secretaria entrara y lo viera toqueteando el equipo de la oficina.
Nada.Y el teléfono volvió a sonar.
Y otra vez.
Antes de que sonara nuevamente, Thomas atendió.
- ¿Hola? – Dijo no estando seguro de si debía decir algo que sonara como “Esto es NASA, buenas tardes”. La respuesta que recibió lo alejó de aquel pensamiento inmediatamente.
- Hola. Soy Montgomery McQuimby, y necesito su ayuda urgentemente.
Thomas no sabía que esa llamada cambiaría para siempre su vida y la de todos los seres humanos.
Capítulo 2
Thomas trató de reordenar sus ideas. De pronto notó que todavía tenía el tubo del teléfono en su mano derecha, y que aquella persona le hablaba. Decidió prestarle atención.
- Soy científico, y la verdad es que no tengo mucho tiempo. Con mucha suerte he logrado realizar esta llamada desde donde me tienen cautivo.
- ¿Cautivo? ¿A qué se refiere? – Preguntó Thomas, desconcertado. Sin hacer caso a aquella pregunta, McQuimby continuó hablando.
- ... sólo podía marcar un número al azar, y ese número debía ser de una oficina de la NASA. Espero que entienda lo que voy a decirle.
- Espere un momento, ¿Usted dice que la llamada fue al azar? – Thomas creyó que su suerte no podía ser peor. O ese tipo estaba bromeando, o se trataba realmente de alguien que necesitaba su ayuda.
- Eso no importa. Me tienen encerrado en este laboratorio, y no quiero continuar con lo que me obligan a hacer. Hace unos meses me revelaron el verdadero objetivo de nuestra investigación, y realmente no quiero seguir. Creo que asesinaron a los demás científicos, pero quizás uno sigue vivo. Pero lo importante es...
- ¿Los demás? ¿Qué quiere decir con eso?
- Tengo muy poco tiempo para hablar. Tiene que ver con...
La llamada se cortó. Thomas sentía que le habían jugado la broma más grande de su vida. Un tipo llama a una oficina de la NASA, dice que lo están obligando a hacer algo que no quiere, y luego la llamada se corta. <> Ese nombre se repetía en la cabeza de Thomas una y otra vez. <>.Thomas colgó el teléfono, y la secretaría salió nuevamente de la oficina contigua. Miró extrañamente a Thomas, preguntándose qué hacía tan cerca del escritorio. Sus reflejos lo obligan a retroceder, para que la secretaria no pregunte nada, y continúa observándola, sin saber que decir. El tono desesperado de aquel hombre lo había dejado pasmado. De repente, la secretaria habló.
- No, no tenemos más vacantes. Tendrá que esperar unos meses.
- Yo, eh... gracias. – Dijo, y salió de la habitación, casi olvidando su maletín.
Una vez afuera, se dirigió a la salida, sólo pensando en la extraña llamada que había recibido. <>, se decía. Pero debía tomar sus responsabilidades.
Podría irse y olvidar la llamada para siempre.
O podría avisarle a la secretaria, sabiendo que tal vez ella no haga nada.
Pero también podía ir a una base de datos y consultar lo que exista sobre Montgomery McQuimby, y tratar de averiguar que podría estarle pasando. ¿Existirá ese nombre?. La guía telefónica podría darle muchas opciones, y quizá ese McQuimby sea de otra ciudad. Las posibilidades de encontrar a McQuimby, teniendo en cuenta las posibilidades físicas que le prometían los recursos de Thomas, eran casi inexistentes.De pronto, por su cabeza pasó una posible respuesta. Si aquel científico había trabajado en la NASA, debía figurar en algún archivo. Alguna ficha, algún proyecto. O quizá sólo encontraba algo en Internet. No perdía nada más que unos minutos de su tiempo, así que se dirigió a la biblioteca del establecimiento. Según una de las indicaciones, estaba dos plantas más arriba.
Caminó hasta el ascensor, y al ver que alguien estaba subiendo, apretó el paso. Cuando casi estaban por cerrarse las puertas, logró entrar. Dentro habían tres personas, que lo miraron de manera extraña. Espero unos minutos, y cuando llegaron a la tercer planta, las puertas se abrieron y Thomas se apresuró a salir.Entró a la biblioteca, que se encontraba desierta. Se sentó frente a uno de los ordenadores, y lo encendió. Mientras esperaba a se encendiera completamente, se puso a pensar en lo absurdo de su búsqueda.
No tiene nombre aún.
Prólogo
Las luces parpadearon en el laboratorio más secreto de la NASA. El sistema eléctrico había estado teniendo problemas, y era irónico siendo aquel el lugar que contaba con la más alta tecnología sobre el planeta. Charles Teary pasó sus últimos meses en aquel oscuro laboratorio trabajando, y ya había aprendido a vivir sin salir al exterior. No se lo permitían.
Pero ese día era especial. Era distinto a todos y cada uno de los 3738 días que llevaba atrapado allí. Ese día terminaría su trabajo y podría volver a salir. Afuera no le esperaba nadie, claro. Su esposa lo daba por muerto, y nunca había tenido hijos. Pero podía recrear su vida. Empezar de nuevo. Renacer de las cenizas.
Ya eran casi las diez cuando levantó la vista del microscopio y dio por concluido el trabajo. Abrió el cajón que le dijeron que abriera sólo el día en que terminara, y levantó lo único que había dentro.Un control remoto con sólo un botón. Lo presionó.Al instante, una puerta se abrió y dos soldados entraron. Portaban armas cortas y chalecos de Kevlar, además de unas máscaras especiales.
- ¿Guardó todos los archivos? – Le preguntó el más grande de ellos.
- Yo... sí, en dos discos diferentes, además de dejar cuatro copias de todos mis apuntes y documentos escritos... Exactamente como me lo pidieron.
- Excelente – Dijo el otro, y apuntó con su arma a la cabeza de Steary.
- ¿Qué sucede? – Teary no entendía nada. Sentía sus piernas temblar, y sabía que no tenía oportunidades contra dos soldados entrenados. Además, le esperaban miles más afuera.
- Son órdenes. Usted ya hizo lo que debía y el gobierno norteamericano agradece su cooperación.
- ¡Pero me prometieron que saldría! - <
- Es un riesgo demasiado peligroso que no debemos correr. El proyecto lleva décadas de preparación.Por favor, por...
Trató de cerrar los ojos, pero fue demasiado tarde. Sin sentir ninguna clase de piedad, el soldado presionó el gatillo, y asesinó a Teary. Pero, por suerte, Teary no había podido sentir la bala penetrando su cráneo.
Capítulo 1
La secretaria desapareció detrás de una pesada puerta de madera, dejando a Thomas solo frente al escritorio.Thomas Nowlan acababa de recibirse en Astronomía, y su sueño siempre había sido poder trabajar para la NASA. Siempre había sido un muchacho pretensioso, siempre yendo por más. Ese día estaba allí, en una oficina de la NASA, esperando la respuesta a su petición de empleo.
Su currículum demostraba excelentes calificaciones tanto en las áreas científicas como deportivas. La secretaria había quedado impresionada, de cualquier manera, siempre había que recibir el visto bueno del “jefe” para poder dar el sí. Pero después de haberse ido, la secretaria jamás volvió. Thomas no quería pensar que podía estar pasando allí dentro.
Recorrió con la mirada aquella oficina. Las paredes estaban decoradas con cuadros e imágenes representando la historia de la exploración espacial. Algunas mostraban fotos en blanco y negro del descenso en la luna y otras mostraban impactantes reproducciones en color del descenso en Marte del robot Sojourner. La tecnología había avanzado, sí. ¿Pero lo había hecho el hombre?
Trató de no pensar nuevamente en aquel tema. Ya había hablado de eso en cientos de ensayos, casi todos premiados o elogiados. Sentía que el fruto de toda su vida era encontrarse en aquella habitación en aquel momento.
Observó nuevamente la foto de Neil Armstrong caminado por el suelo lunar. Desde que el alunizaje salió en la televisión, aquel día de Julio de 1969, muchos excépticos habían creído – y seguían creyendo - que había sido una farsa. Se basaban principalmente en las fotografías del terreno lunar. Si se observaba claramente, se podía ver que en la lejanía la imagen se hacía borrosa, lo que no tenía sentido suponiendo que en la luna no hay aire que provoque tal efecto, o al menos eso dicen los científicos. También se podían ver misteriosas fuentes de luz que no tenían origen lógico. Y una de las más increíbles imágenes, era la de un extraño reflejo en el casco de Armstrong. Si no era un OVNI, era un helicóptero de la fuerza aérea de los Estados Unidos.
<<¿Helicópteros en la luna?>> Thomas sonreía cada vez que veía esa imagen.
La secretaria emergió de la puerta, con papeles en la mano. Se sentó en su asiento y comenzó a escribir unas cosas, ignorando completamente la presencia de Thomas. Hizo un par de clics en la computadora y volvió a escribir. Thomas realizó un sonido con su garganta, y la secretaria se incorporó de pronto, como si recién cayera en la cuenta de que había otra persona allí. Miró extrañamente a Thomas, y él sintió que ya había olvidado su petición de trabajo. De pronto, reaccionó.
- Disculpe, Sr. Nowlan, pero por ahora no tenemos vacantes en las oficinas centrales. Quizá dentro de unos meses. <
- ¿Y en una oficina u observatorio en otro estado? Realmente deseo trabajar con ustedes. – Si eso no funcionaba, Thomas iba a tener que comenzar a dictar clases acerca del sistema Solar en una escuela primaria.
- No sabría decirle. Déjeme preguntar.La secretaria desapareció tras la puerta nuevamente, y Thomas dejó escapar algo parecido a un gruñido. Se sintió pisoteado. Después del arduo trabajo que había realizado los últimos cinco años de su vida, lo rechazaban como si fuese un experto en informática que quisiese entrar a trabajar con un acelerador de partículas.La puerta se cerró y el silencio invadió la habitación nuevamente. El aire acondicionado comenzó a vibrar, y Thomas sintió una brisa fresca penetrar su camisa. Pegó los brazos al cuerpo y metió las manos entre las piernas instintivamente, tratando de mantener el calor corporal. De pronto...
El teléfono sonó.Y la secretaria no estaba.
Thomas se acomodó en su asiento, esperando a que la secretaria llegara pronto. Observó el cielo raso, y en una esquina había una cámara enfocándolo. La cámara rotó y enfocó la puerta. Como imitando la cámara, el también observó la puerta, pero nada pasaba. <<¿Qué podría pasar?>>. Pensó por un minuto en acercarse y aumentar la temperatura del aire acondicionado, pero el teléfono volvió a sonar.Se quedó quieto, temiendo a que la secretaria entrara y lo viera toqueteando el equipo de la oficina.
Nada.Y el teléfono volvió a sonar.
Y otra vez.
Antes de que sonara nuevamente, Thomas atendió.
- ¿Hola? – Dijo no estando seguro de si debía decir algo que sonara como “Esto es NASA, buenas tardes”. La respuesta que recibió lo alejó de aquel pensamiento inmediatamente.
- Hola. Soy Montgomery McQuimby, y necesito su ayuda urgentemente.
Thomas no sabía que esa llamada cambiaría para siempre su vida y la de todos los seres humanos.
Capítulo 2
Thomas trató de reordenar sus ideas. De pronto notó que todavía tenía el tubo del teléfono en su mano derecha, y que aquella persona le hablaba. Decidió prestarle atención.
- Soy científico, y la verdad es que no tengo mucho tiempo. Con mucha suerte he logrado realizar esta llamada desde donde me tienen cautivo.
- ¿Cautivo? ¿A qué se refiere? – Preguntó Thomas, desconcertado. Sin hacer caso a aquella pregunta, McQuimby continuó hablando.
- ... sólo podía marcar un número al azar, y ese número debía ser de una oficina de la NASA. Espero que entienda lo que voy a decirle.
- Espere un momento, ¿Usted dice que la llamada fue al azar? – Thomas creyó que su suerte no podía ser peor. O ese tipo estaba bromeando, o se trataba realmente de alguien que necesitaba su ayuda.
- Eso no importa. Me tienen encerrado en este laboratorio, y no quiero continuar con lo que me obligan a hacer. Hace unos meses me revelaron el verdadero objetivo de nuestra investigación, y realmente no quiero seguir. Creo que asesinaron a los demás científicos, pero quizás uno sigue vivo. Pero lo importante es...
- ¿Los demás? ¿Qué quiere decir con eso?
- Tengo muy poco tiempo para hablar. Tiene que ver con...
La llamada se cortó. Thomas sentía que le habían jugado la broma más grande de su vida. Un tipo llama a una oficina de la NASA, dice que lo están obligando a hacer algo que no quiere, y luego la llamada se corta. <
- No, no tenemos más vacantes. Tendrá que esperar unos meses.
- Yo, eh... gracias. – Dijo, y salió de la habitación, casi olvidando su maletín.
Una vez afuera, se dirigió a la salida, sólo pensando en la extraña llamada que había recibido. <
Podría irse y olvidar la llamada para siempre.
O podría avisarle a la secretaria, sabiendo que tal vez ella no haga nada.
Pero también podía ir a una base de datos y consultar lo que exista sobre Montgomery McQuimby, y tratar de averiguar que podría estarle pasando. ¿Existirá ese nombre?. La guía telefónica podría darle muchas opciones, y quizá ese McQuimby sea de otra ciudad. Las posibilidades de encontrar a McQuimby, teniendo en cuenta las posibilidades físicas que le prometían los recursos de Thomas, eran casi inexistentes.De pronto, por su cabeza pasó una posible respuesta. Si aquel científico había trabajado en la NASA, debía figurar en algún archivo. Alguna ficha, algún proyecto. O quizá sólo encontraba algo en Internet. No perdía nada más que unos minutos de su tiempo, así que se dirigió a la biblioteca del establecimiento. Según una de las indicaciones, estaba dos plantas más arriba.
Caminó hasta el ascensor, y al ver que alguien estaba subiendo, apretó el paso. Cuando casi estaban por cerrarse las puertas, logró entrar. Dentro habían tres personas, que lo miraron de manera extraña. Espero unos minutos, y cuando llegaron a la tercer planta, las puertas se abrieron y Thomas se apresuró a salir.Entró a la biblioteca, que se encontraba desierta. Se sentó frente a uno de los ordenadores, y lo encendió. Mientras esperaba a se encendiera completamente, se puso a pensar en lo absurdo de su búsqueda.
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